Bastaba echar un vistazo este domingo a la prensa nacional, para comprobar la grave crisis interna que padece el PSOE. El despropósito de la moción de censura en el Ayuntamiento de Ponferrada ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de un buen número de altos cargos y de militantes que ya no aguantan más y que consideran que la gestión del equipo de Alfredo Pérez Rubalcaba hace aguas por todos los lados.
No sólo no aciertan en la tarea de oposición, ni modulan el mensaje a la sociedad, sino que no hay disciplina interna, el liderazgo de Rubalcaba brilla por su ausencia, los barones del partido están «que trinan” y el colectivo femenino “echa muelas” por el episodio de Ponferrada. Ni siquiera el gesto del número tres del partido (una auténtica inmolación política), ha servido de escudo para un Rubalcaba en el que sólo creen los que dependen de él y le deben el puesto. El resto lo cuestiona y en esta situación será imposible que aguante… El movimiento interno es de tal calibre, que desde distintos frentes buscan la convocatoria de un Congreso Extraordinario y luego unas primarias. Otros piensan que primero primarias y luego Congreso, el caso es que la gran mayoría quiere un relevo, porque se dan cuenta que en el momento de más baja popularidad del PP, con un desgaste sin precedentes por las medidas que se ha visto obligado a tomar, el PSOE es incapaz de remontar y hasta la valoración de su líder es inferior a la de Mariano Rajoy. Si las cosas siguen así, el horizonte electoral del PSOE es nefasto y da un balón de oxígeno al PP que, aunque sufra un lógico desgaste, podría seguir con comodidad al frente del Gobierno cuando lleguen los tiempos de la recuperación.
Sea por intereses electorales o porque tienen la ineludible responsabilidad de colaborar a salir de la crisis, el PSOE está obligado a abordar de una vez por todas su situación interna. Tiene autonomía para hacerlo y es su decisión, pero no hacerlo supondría un daño irreparable. Es un partido clave en la democracia española y a nadie beneficia su debilidad. Es urgente que miren hacia adentro porque además el prestigio de los políticos sigue bajo mínimos y las guerras intestinas colaboran a empeorar esa imagen… Como la crisis, la recuperación del prestigio de la vida política, no es algo aislado para un partido, sino tarea de todos.