Francisco, la revolución.

Hoy comienza al Pontificado de Francisco, el nuevo Papa, que ha irrumpido en el mundo como un auténtico huracán. Su manera de hacer dista mucho de lo que ha sido el rígido protocolo vaticano y eso gusta a los ciudadanos que se han hecho fans del Papa en apenas unos pocos días.
Desde que se anunció que el Cardenal Bergoglio era el nuevo Pontífice, se ha desatado un terremoto mediático causado por un hombre que da imagen de espontaneidad, cercania, habla un lenguaje directo y huye de la pompa y boato del que tantos Papas se han rodeado. Ni metopa de armiño, ni limusina, ni cambios en las habitaciones del palacio, ni zapatos rojos, ni cruces de oro. Lo suyo es la sencillez y las palabras de aliento a los más pobres. Y su mensaje ha sido un éxito, calando muy hondo en el subconsciente de una Iglesia que necesita revitalizar su esencia y recuperar fieles.
De nada han servido las campañas de Cristina Fernández de Kirchner por enturbiar el pasado del nuevo Papa, porque ni siquiera la prensa más crítica con la Iglesia da pábulo a esos mensajes. Al contrario, la esperpéntica mandataria ha sido de las primeras en llegar para asistir al comienzo de su Pontificado y ha aprovechado el paisanaje para fotografiarse con el Papa que, lógicamente, ha olvidado sus diferencias para recibir en primer lugar a la representante de su país… Pero a Cristina Fernández se le ven las mañas, porque lo primero que ha hecho es pedirle mediación en el conflicto de las Malvinas, consciente de que es un caramelo envenenado que espera que sirva para minar la imagen de Francisco en su país, donde ya es un verdadero ídolo.
El nuevo Papa vive tiempos dulces, con nuevas maneras y vientos de cambio para una Iglesia que los necesita. Su liderazgo se ha afianzado en muy poco tiempo y hay que desearle que siga consolidándose. Para ello deberá introducir cambios significativos en una curia que está muy cuestionada y tal vez ya se vislumbran, porque ayer el portavoz del Vaticano reconoció que ya conoce el informe Vatileak que encargó Benedicto XVI y que según muchos vaticanistas es la clave de su renuncia.
La cobertura informativa del nombramiento de Francisco, con más de 5000 periodistas acreditados, demuestra el interés mundial del acontecimiento, agrandado por una figura emergente que resulta de un Cónclave de resultado sorprendente. Pero también de un Cónclave rápido, que indica que tal vez los Cardenales de la Iglesia Católica tenían muy claro que había que dar un golpe de timón a la nave de Pedro. El tiempo nos dirá…

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