Había expectación por la reaparición de Zapatero, en un curioso mano a mano en Ávila con el Cardenal Antonio Cañizares, uno de los monseñores más cercanos al Papa, que de alguna manera también reaparecía en la esfera pública española, porque su actividad ahora se desarrolla en el Vaticano.
Se clausuraba el II Curso de Verano de la Universidad Católica de Ávila, un curso de gran nivel que tenía como «guinda» un debate sobre el humanismo en el siglo XXI. Muchos se preguntaban el por qué de la presencia de Zapatero en este foro, y la razón puede ser que le sedujo emular un debate resaltado universalmente y que protagonizaron el 19 de enero de 2004 el filósofo Jürguen Habermas y el entonces cardenal Joseph Ratzinguer en la Academia Católica de Münich. Disertaron el profesor de ética y el hoy Papa sobre fe y razón y la confrontación de posiciones en aquel debate, es lectura obligada para pensadores e intelectuales estudiosos de las relaciones entre la fe y la razón.
El debate de Ávila no tuvo ni el contenido, ni el fondo, ni el mensaje del precursor. Sin embargo, lo que sí concitó fue una inusitada expectación, la de las grandes ocasiones: más de 2000 asistentes, 20 autocares llegados de numerosos puntos de España, seguidores de uno y otro participante… Eso sí, Zapatero no estuvo arropado por actuales dirigentes de la ejecutiva federal socialista, lo que indica la distancia que hay entre él y los actuales dirigentes del PSOE; y se comprobó, que hay una parte de la sociedad que no se olvida del desastre de su gestión en el Gobierno y le recibieron con una sonora pitada que obligó al Cardenal y al moderador a pedir compostura y tolerancia.
Si hablamos del contenido el debate defraudó, porque fue una sucesión de posiciones personales, faenas de aliño y complacencia con el papel de unos y de otros. Zapatero reconoció el papel del cristianismo en Europa y la importancia del papel de la iglesia, algo en lo que dio «la de cal y la de arena» como siempre durante su mandato. El Cardenal optó por la defensa de la Iglesia y por considerar que no se puede circunscribir el papel de la misma sólo al ámbito privado. Zapatero es listo, sabe sacar rédito a su propio rechazo y por eso no quiso guerra en el debate. Eso sí, dejó una de sus perlas, una muestra de que sigue imaginando conceptos solemnes y que lo suyo es acuñar frasecitas por si prenden. Dijo que Europa sólo saldrá de la crisis si apostamos por una Europa social (¿…?). Y se quedó tan ancho.
Lo que ayer se demostró es que Zapatero no se ha retirado, que está ahí y que no descarta tratar de influir. Sabe que su desastre está muy reciente y por eso dosificará sus presencias. Reaparecer con un Cardenal, después de su apuesta por el laicismo más radical, demuestra que no pierde tampoco su punto provocador. Lo que pasa es que ya no engaña a nadie…
Cada día cuando me levanto encuentro a faltar tus agudos e inteligentes comentarios