El Oráculo vuelve a avisar.

El barómetro de septiembre del CIS nos dice que el 73,2% de los ciudadanos califican la situación política en España es mala o muy mala, empeorando en 5 puntos la situación registrada en el mes de julio. Este barómetro fue realizado el día después de la famosa manifestación de la Diada en Cataluña, instrumentalizada por Artur Mas para lanzar a lo grande su deriva independentista. Pero el CIS refleja otros datos para la reflexión… Crece en un 3% el número de ciudadanos que considera positivo para España una abocación de competencias al Gobierno Central desde las Comunidades Autónomas, con lo cual ya es casi un 25% de los ciudadanos el que se pronuncia a favor de una recentralización del Estado, al tiempo que baja el número de quienes se pronuncian porque se mantenga el actual Estado Autonómico.
Si además añadimos el dato de que los partidos y los políticos siguen siendo vistos como el tercer problema de este país, tendremos que convenir que hemos entrado en una deriva muy peligrosa, cuando no sangría, que es urgente detener. Para ello nada como el consenso, el acuerdo y la aplicación del sentido común, cualidad que parece que muchos han perdido precisamente cuando la crisis más golpea.
Cuesta entender que la España Autonómica que tanto ha aportado a la convivencia, al bienestar y al desarrollo de los territorios, se vea ahora cuestionada en gran medida por la deriva que practican algunos políticos. Cuando el problema es básicamente de sumar, aparecen en el horizonte los fantasmas de la independencia, que auspicia el nacionalismo chantajista, o del federalismo, patrocinado por un PSOE decadente. En plena crisis es irresponsable tratar de encontrar fórmulas para romper lo que hay, sino de buscar soluciones para apuntalar lo que tenemos y que empieza a ser cuestionado por un gran número de ciudadanos. No nos podemos permitir despreciar el enorme capital político cosechado desde la transición, deberíamos trabajar en asegurarlo y mejorarlo cuando llegue el momento de la recuperación. Tensar la cuerda a uno u otro lado, es el peor favor que se puede hacer al conjunto de los ciudadanos y a los territorios a los que dicen defender. Si además, todo ello lo propician políticos desprestigados que claramente representan al pasado, tenemos una mezcla explosiva que puede causar un daño final insospechado… ¿Serán capaces alguna vez nuestros políticos de sumar en aras del interés general?

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