Dejamos atrás el primer fin de semana de la campaña electoral en Galicia y Euskadi sin demasiadas sorpresas. Se nota cierta pereza ciudadana ante estos procesos, lógico en un país en el que por unas u otras razones parecemos condenados a estar permanentemente en campaña. Campañas, además, que se celebran en medio de una gran incertidumbre ciudadana consecuencia de una crisis que todavía no ha tocado fondo.
Lo curioso es que hay un aviso que muchos políticos no parecen dispuestos a atender, y es que los ciudadanos los consideran el tercer problema del país y sin embargo ellos van a la suyo incapaces de considerar por un instante esta dura realidad. Por ello me parece aberrante que en lugar de hablar de lo que corresponde, los problemas en Galicia o en Euskadi, haya un torticero intento de buscar el plácet o la condena a las políticas del Gobierno de Rajoy. Por ese camino flaco favor se hace al Gobierno de la nación y a la política en general. El resultado será más hartazgo y desconfianza por parte de la población, que asiste a peleas entre partidos y no al debate sobre los problemas más serios, como el paro, el futuro de la sanidad, de los hijos o simplemente cómo llegar a final de mes…
Rubalcaba se ha quitado la careta y abiertamente advierte que lo que suceda en Galicia será la sanción o la condena de las políticas de Mariano Rajoy en España. Sin embargo nada dice sobre el significado de lo que le pueda pasar al PSOE en Euskadi, donde si las encuestas tienen razón, la debacle será imparable, en caída libre.
Si Rajoy se la juega en Galicia, y es absurdo no reconocerlo, mucho más se la juega Rubalcaba en Euskadi, con el agravante de que el PSOE está mucho más “tocado” (prueba evidente es la reaparición de Carme Chacón apostando desde el PSC por el federalismo). Lo curioso es que desde estas siglas (que tienen más de catalanistas que de socialistas), se quiere marcar la pauta al partido a nivel nacional, cuando las encuestas tampoco les vaticinan nada bueno en las catalanas que ya están a la vuelta de la esquina. Resumiendo: todo un galimatías que en nada ayuda a mejorar el pozo en el que está metido el socialismo español.