Ajuste de cuentas.

La constante referencia de los portavoces de la nueva ejecutiva federal del PSOE a que tras el Congreso todos son ya de Rubalcaba, demuestra que las heridas no se han cerrado. Es tanta la insistencia en reivindicar la normalidad, que da un «tufillo» a que de lo que se trata es de intentar ganar la batalla de la imagen frente a la de los problemas, que ya lo creo que siguen existiendo.
El propio PSOE reconoce que lo que está pasando en Andalucía no sólo no les beneficia, sino que hace pensar en la existencia de un cierto “polvorín” que en cualquier momento puede estallar. Tantos años en el poder, tantos escándalos abiertos y la perspectiva de unos malos resultados electorales, hacen que el proceso de elaboración de listas de cara a las autonómicas de marzo se haya convertido en un auténtico quebradero de cabeza. La dimisión del secretario provincial del PSOE de Sevilla, dando un portazo a mes y medio de las elecciones y obligando al partido a montar una gestora, evidencia hasta qué punto las relaciones están ya deterioradas. Son tantos los intereses y tan malas las perspectivas, que en el proceso de elaboración de estas listas hay algo más que tratar de controlar el aparato del partido. Hay que colocar a mucha gente que sabe mucho y que se niega a quedar fuera. Jamás pudo imaginar el PP en Andalucía que el PSOE se pudiera romper de esta forma y que las guerras fratricidas fueran a saltar a los medios como un huracán que hace todavía más difícil un intento de remontada en las elecciones.
Lo más curioso es que el dimisionario José Antonio Viera era de los leales a Rubalcaba y tiene ahora que ceder aplastado por José Antonio Griñan, que bajo la aparente neutralidad en el Congreso Federal apoyó a Chacón, pero que gracias a su candidatura a la presidencia de la Junta en las autonómicas de marzo, ha obligado al Secretario General electo a colocarse en el decorativo puesto de Presidente del partido, para que por lo menos mantenga un estatus de cara al electorado.
Creo que la previsible derrota socialista en Andalucía será higiénica para el partido y para la política española. No porque le dé el poder al PP, sino porque permitirá que entre aire nuevo en el Palacio de San Telmo y en los departamentos de un gobierno autónomo plagado de escándalos, algunos tan impresentables y vergonzosos como los del ERE. El PSOE andaluz está en plena catársis. Deberá tocar fondo para empezar a remontar, pero ese fondo no se tocará hasta que no pase por la oposición y permita que savia nueva entre en la vida del partido. Demasiados años en el poder, demasiados intereses, demasiadas familias políticas, acaban por ser un lastre que acaba con un imperio que parecía inexpugnable. Los hechos apuntan a que sus días de gloria empiezan a pasar a la historia…

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *