Que las cosas no iban a ser fáciles, estaba cantado, y que los sacrificios iban a ser muy duros, era algo con lo que la gran mayoría de los ciudadanos contábamos… Se esperaba la reforma laboral y aunque se ha hecho esperar ya está aquí y ya está en vigor, porque el sistema elegido para su forma legal es el decreto ley, que el sábado publicó el BOE.
A nadie le gustan los recortes. A nadie le gusta dar marcha atrás sobre lo que ya tiene, pero hay que ser realista, moverse y arriesgar, porque de seguir como hasta ahora vamos cuesta abajo y sin freno. Sabíamos que los sindicatos iban a poner el grito en el cielo, porque no les gusta que se abarate el despido, pero tampoco que se les reste protagonismo en la negociación colectiva o que el control y el acceso a los cursos de formación sea diferente. Se flexibiliza también su poder y eso es lo que está haciendo que lancen a la opinión pública todo tipo de mensajes apocalípticos.
Lo cierto es que el Gobierno ha movido ficha y está en su derecho de hacerlo. En la reforma hay medidas claras de incentivación de la contratación, hay una flexibilización que permitirá que los empresarios pierdan el miedo a contratar en momentos difíciles y además, prima la contratación de jóvenes. También introduce la figura de la prestación social para los parados que cobren del INEM y acaba con la patente de corso de algunos empleados públicos.
Estoy convencida de que la gran mayoría de los españoles lo que quiere es que haya condiciones para mejorar el tejido laboral, que haya horizonte para los parados y para los jóvenes que tienen que entrar en el mercado laboral. Lo que no se puede hacer es dejar las cosas como están y mantener un estatus laboral que ya estamos comprobando que nos está llevando a las cotas más altas del desempleo en España.
La reforma entra ahora en un proceso de negociación que es de prever que modifique y mejore algunas medidas. Lo que debemos tener muy claro es que esta crisis está cambiando muchas cosas y una de ellas, tal vez la principal, es el mercado laboral que ya no volverá a ser el que era y los sindicatos tienen que saberlo. Eran imprescindibles medidas muy diferentes a la rigidez que tenía nuestro mercado laboral y que por primar a los contratos fijos ya existentes, se estaban cerrando puertas a las nuevas incorporaciones… Ojalá prime la responsabilidad y no haya un intento deliberado de calentar la calle como métodos de acoso y derribo del Gobierno, porque España no se lo puede permitir en este momento.