Y Esperanza habló… de nuevo.

No dejo de preguntarme cuánto de estrategia tienen las declaraciones de Esperanza Aguirre ayer abogando por devolver, si es necesario, determinadas competencias al Estado desde las comunidades autónomas, para ahorrar nada más y nada menos que 48.000 millones de euros. Si no es una estrategia premeditada no las comprendo… Lo que sí sé es que tienen un efecto muy grande sobre una parte de la población que considera que el Estado de las Autonomías es muy caro y en buena medida culpable de la situación en la que nos encontramos.
Aguirre es persona valiente, que no tiene pelos en la lengua, ni complejos a la hora de hablar y defender sus propuestas. Pero sin duda sus palabras obedecen más a una posición personal que a una política definida por el partido, porque el PP cree firmemente en el Estado Autonómico y apuesta por una revisión de muchos de sus planteamientos, pero siempre desde el convencimiento de que lo que se puede gestionar en la cercanía del ciudadano, es mejor y más efectivo que hacerlo desde la distancia.
Esperanza Aguirre ha sido un modelo de gestión. Madrid es motor de España, ha cumplido con los objetivos de endeudamiento y su tasa de paso es de las más bajas. Madrid crece y demuestra que desde el liberalismo se pueden conseguir muy buenos resultados en política y en la economía, y por eso sus planteamientos merecen ser escuchados. A fin de cuentas, estoy convencida de que en su fuero interno Esperanza Aguirre no quiere ceder competencias al Estado, sino que trata de reflexionar en voz alta sobre sobre lo puede pasar si no hay un trabajo serio y responsable, que evite que el término «autonomía» suponga autogestión, diferenciación política, descoordinación y exceso de gasto público. Nadie en su sano juicio político puede apadrinar en estos momentos ir por libre y desmarcarse de las recetas de ajuste para sanear las cuentas públicas. Produce escalofríos escuchar al Consejero de Sanidad vasco decir que ellos no se ajustarán y sonroja pensar que en estos momentos falta la suficiente generosidad para ceder de lo personal para abonar lo colectivo.
España está en una encrucijada complicada de la que sólo saldremos si usamos la cabeza y la vocación de renuncia. Ayer la bolsa se hundió, la prima de riesgo se disparó por encima de los 420 puntos y los intereses de los bonos a 10 años superaron los 6 puntos… Los datos son tremendos y alertan de que hay que seguir con las medidas. No voy a caer en el catastrofismo de pensar que estamos al borde de la intervención, porque sinceramente no lo creo, pero sí que hay renuncias que hacer y, sobretodo, hay que decir la verdad a los ciudadanos.
El sábado ha citado Mariano Rajoy a sus presidentes autonómicos. El PP gobierna la mayor parte de las autonomías y como partido nacional está en la obligación de tomar medidas que beneficien al conjunto del país. Es necesario impulsar una voz común que no deje lugar a duda y que sea capaz de transmitir a la sociedad la seriedad del momento. Eso supondrá asumir cierto coste político, que seguro será algo momentáneo; porque si las cosas se hacen bien, a la larga será un beneficio para España y para la imagen del PP como partido responsable, capaz de sacar al país de las más difíciles situaciones. Ya lo hizo y ahora lo tiene que hacer de nuevo.

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