Si hay un lugar de España donde la Semana Santa impone un alto en el camino, ese es Andalucía. Allí todo se detiene para permitir el paso de los nazarenos, de los pasos del misterio o los palios. Pero con el Lunes de Pascua todo vuelve la normalidad. Mejor dicho, vuelven las cosas al lugar en el que estaban y ese no es otro que al de una Comunidad donde el número de parados supera el millón doscientos mil, donde la economía sumergida es del dominio público y donde el clientelismo roza las posiciones más caciquiles que se pueden imaginar…
Las elecciones pasadas dieron la victoria al PP, pero la matemática parlamentaria posibilita que un pacto PSOE-IU pueda consolidar el mantenimiento de la situación política que se vive desde hace más de seis lustros. Las esperanzas de un cambio, y con él la entrada de viento fresco, se han desbaratado. Lo malo es que hay amplios sectores de la izquierda que ven esta situación como una oportunidad para plantar cara al Gobierno de Rajoy y para ello nada mejor que mostrar la cara de una Andalucía reducto de las fuerzas de la izquierda. La descabellada teoría es que Andalucía puede ser el ariete para desbaratar los planes del Gobierno en la lucha contra el déficit y la Comunidad puede ser el banco de pruebas de la insumisión a los postulados de ajuste del Gobierno.
Las posiciones antisistema de amplios sectores de IU son sobradamente conocidas, pero el PSOE es un partido de gobierno que sufrió ya en sus propias carnes los problemas de intentar vivir fuera de la realidad. No puede ser que ahora se radicalice para dar una patada al PP en el culo de España… Como ya he comentado en otras ocasiones, estoy cada día más convencida de que en esta etapa que nos ha tocado vivir, el fracaso del Gobierno no es el fracaso de un partido, es el fracaso de España y las consecuencias las pagamos todos los españoles. Ese fracaso se llama intervención y sólo hay que mirar a nuestros vecinos portugueses, para comprobar las grandísimas diferencias entre una política de ajustes y el drama que supone una intervención.
Por eso no es descabellado pensar que la oferta que el PP ha lanzado al PSOE para poder formar un pacto de salvación en Andalucía, debería servir para una profunda reflexión y de veras creo que se debería tomar en consideración, en muy seria consideración, para entre todos dar un ejemplo al resto del país y poner a Andalucía a la cabeza de la toma de decisisones serias y responsables. Sería un mensaje muy firme al electorado de la vocación por resolver los problemas dejando a un lado las posiciones de partido en aras de sumar para intentar salir de la crisis. Supondría además allanar el camino de las relaciones entre los partidos en la vida política nacional y un mensaje firme al nacionalismo, que cada día asoma un poco más su carroñera intención de aprovechar el “cuanto peor mejor” para sacar tajada con sus constantes posiciones chantajistas…
La situación es tan grave en toda España que parece que es necesario que los partidos mayoritarios se pongan a buscar objetivos comunes y dejen de tirarse los trastos a la cabeza.Es el momento de un gobierno de salvación nacional porque no hay más que ver la situación para entender que hay que tomar medidas de colaboración que sean un ejemplo para todos.Si hay que comenzar por Andalucía es bienvenido pero es algo que hay que aplicar en toda España porque la emergencia se da en todo el territorio nacional.Cuanto más tarden los partidos en afrontar el problema y en ponerse de acuerdo más triempo se habrá perdido y más difícil será encontrar soluciones. Necesitamos políticos de altura capaces de ofrecer sacrificios y medidas para salvar a España.