Vivir cerca de la eterna juventud.

En medio de tanta vorágine informativa, cuando pocas noticias buenas hay que llevarse a la boca, quiero detenerme en un acontecimiento que se celebra en Valladolid cada año y que suscita atención nacional e incluso internacional. Hablo de la concentración motera Pingüinos, que llega este fin de semana a su 31 edición y que sigue siendo la concentración motera invernal más relevante en España y en Europa.
Me admira que para la concentración se elijan las fechas mas frías del año, imagino para poner a prueba la vocación de ser motero. El tiempo no es inconveniente, da igual que haya niebla, cencella, nieve o llueva. Creo que no me equivoco si afirmo que ser motero es como profesar una religión en la que está descontado el sacrificio y en la que se aúna el esfuerzo, la camaradería, el espíritu de lucha, la juventud y por tanto las ganas de pasarlo bien. No hay edades, porque entre las 20.000 inscripciones que se alcanzan, hay moter@s de todas las edades, con afición al motor y con un espíritu y compañerismo que sería envidiable en otras muchas circunstancias de la vida.
El hecho de que haya amigos, parejas, familias, que vengan desde muchos puntos de Europa a participar en esta concentración motera, dice mucho de la apuesta por el evento y de lo hondo que cala en el espíritu de los aficionados a las dos ruedas. La moto, cuando se utiliza de verdad, sin hacer el cafre o el macarra, es espíritu de libertad, ganas de estar en contacto con la naturaleza en sus muchas facetas y tiene un punto de espíritu de superación por conseguir llegar a la meta. Y la meta es algo tan simple como una cita, un viaje. La moto es medio para el encuentro, es sinónimo de juventud, es intentar atrapar el tiempo que se va y es sentirse cada vez más joven, más libre, con el espíritu más abierto. También es exhibición, porque es mostrar con orgullo la cuidada Honda, la Yamaha, la Kawasaki, la Derby, la Ducati, la Vespa, la Victory, la BMW, la Triumph o cualquiera de las muchas marcas de motos, y por supuesto la Harley, la joya de la corona…
La moto es la aventura, el romanticismo, es querer vivir apasionantes momentos que hacen sentir bien, desconectar de los problemas de cada día y disfrutar, disfrutar de la máquina, de los amigos y de todo el ambiente que la rodea. No importa el frío intenso, ni los elementos climatológicos de todo tipo contra los que hay que luchar, ni las incomodidades; lo que importa es el espíritu, mantener abierta y viva la llama de la juventud y conocer gente, ampliar fronteras, compartir experiencias que hacen sentir muy vivos…
Supongo que me he vuelto comodona y una adicta al coche, pero no olvido mi etapa en Barcelona cuando scooter era el cómplice más ágil para transitar por las calles, la verdad es que mucho menos atascadas que hoy. Recuerdo el ambiente de libertad y de aventura. Siento sana envidia de los moteros que llegan hasta nosotros en estos días, que cogen las antorchas y rinden homenaje a los moteros que emprendieron el camino del más allá; que toman un caldo bien caliente al calor de la lumbre en Puente Duero. Su espíritu de aventura es el espíritu que nunca nos debería faltar. Su respeto por el aire libre, por las normas de la carretera, es el que rompe el mito del macarra motero y nos reencuentra con una hermosa actividad. Valladolid es este fin de semana la capital de las motos en el mundo y es una referencia para el espíritu joven. Estas concentraciones me sorprenden y me admiran porque tienen mucha vida y porque de ellas se pueden sacar muchas cosas buenas… Doy la bienvenida a los Pingüinos 2012, que un año más harán historia en el mundo del motor, como lo vienen haciendo desde hace 31 años.

1 comentario

  1. Lo que tendrías que hacer es animarte a dejar el coche y coger de nuevo la scooter y venirte con nosotros a Pingüinos lo pasarías muy bien y te sorprenderías de ver cuantas personas disfrutan de la máquina de las los sano que es la diversión entre dos ruedas.A ver si el año que viene te vemos por aquí.

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