Si en España ha habido una huelga de carácter político, esa es la que tiene lugar hoy en España. Huelga general en el día 101 del gobierno de Mariano Rajoy… Lo normal es que un gobierno emplee sus primeros 100 días en chequear la situación, configurar los equipos y diseñar una estrategia de actuación para la primera etapa de la nueva legislatura. Mariano Rajoy en sus primeros 100 días ha tomado tal cantidad de decisiones, que dudo mucho que a lo largo de la historia haya un gobierno que haya actuado o actúe de semejante forma. Eso dice mucho a favor de los nuevos responsables de la política nacional, que no se han dado ni la más mínima tregua para empezar a solucionar los problemas que tiene el país.
¿Han acertado en sus decisiones? Es pronto para decirlo. Sólo el tiempo, ese factor inexorable que a todos termina colocando en su sitio, dirá si las medidas son las adecuadas. Desde luego había algo que era evidente: que las cosas no podían seguir como estaban y que había que actuar rápido. El primer mandato ciudadano se ha cumplido.
Es posible que haya otras alternativas a las planteadas por el PP, pero los ciudadanos han confíado a este partido de una forma abrumadoramente mayoritaria, la capacidad de aplicar sus políticas y es más que evidente que es muy pronto para decir si los resultados son los adecuados. Si nos fiamos en los únicos indicadores que podemos tener en este corto espacio de tiempo, no vamos mal, porque la prima de riesgo ha bajado en relación con el gobierno anterior, la deuda se coloca mejor en los mercados y los mandatarios europeos conceden a España una credibilidad que antes le negaban. No vamos por mal camino…
Sin embargo, la izquierda de este país se niega a aceptar la evidencia y se empeña en descalificar lo que no hay todavía tiempo para criticar. Es esa izquierda que se empeña en recuperar por la vía de la protesta lo que ha sido incapaz de conseguir en las urnas. Además, toma como muleta unos sindicatos clientelares y caducos, que han sido incapaces de alzar la voz mientras un gobierno radical de izquierdas sumergía a este país en la mayor crisis que jamás ha sufrido, y con ello nos ha llevado a la increíble y nefasta cifra de los 5 millones de parados. Esos sindicatos ejercen la coacción estos días al extremo y no se sonrojan al exigir, sí exigir, a los ciudadanos que hagan huelga. No importan los métodos, porque lo que quieren es desgastar al gobierno de la nación y hacer el trabajo sucio a los partidos de izquierda, con la secreta esperanza de pasarles posteriormente factura.
España es hoy un país que afronta en su delicada situación una huelga general. Si hay libertad de actuación, la huelga será un fracaso. Si los piquetes se emplean a fondo, conseguirán unas exiguas cifras que se puedan valorar para considerar a los sindicatos como grupos de presión que aspirarán a ser azote del gobierno. Parece mentira que con la que está cayendo haya grupos que se presten a estas maniobras. De esta forma, la credibilidad sindical irá cada vez más a cero. De las cifras de la huelga, hablaremos mañana.
Evidentemente, siendo la hora que es, te escribo esto desde casa, esto es haciendo huelga.
Parto de algo que has puesto «Desde luego había algo que era evidente: que las cosas no podían seguir como estaban y que había que actuar rápido».
Sí, había que ponerse al tajo en el primer momento. Pero, curiosamente, las cosas que primero tienden a «cambiar» son las que afectan al deterioro de eso que la Constitución recoge como «Estado Social» y no «Estado del Bienestar», que es lo que se oye por ahí.
Hay cosas que cambiar, por ejemplo el consentir la objeción tributaria. No nos engañemos: el peso de la tributación, en este país, reside en las clases medias.
Hay un consentimiento tácito a que no se «tarife».
Y eso también hay que cambiarlo.
Te voy a poner un ejemplo, que a lo mejor ya lo dije anteriormente, y que es muy claro:
Francia cuenta con más de 145.000 funcionarios encargados de perseguir el fraude fiscal. La población de Francia es de unos 66 millones de habitantes. En España, los funcionarios que se encargan de lo mismo, son unos 25.000 para 45 millones de habitantes. Y no hay tasa de reposición.
Dicen que hay muchos funcionarios, pero… ¿comparando con qué?
Será que hay una mala distribución de efectivos.
El caso es que este ejemplo pone a las claras que para sacar a flote los 80.000 millones de euros anuales de fraude fiscal, cantidad escandalosa, hace falta un cambio estructural dentro del cual meteríamos a lo educacional. Y de esto no vemos cambios rápidos como en el de la reforma laboral.
Lo que sí se está viendo es una nula voluntad en asumir que este país no puede seguir en la eterna genuflexión a eso que llamamos mercados, y no podemos seguir con ese argumento porque se niega soberanía al pueblo que quiere cambios estructurales y al que se apela a las urnas cada cuatro años. No podemos seguir ejerciendo el sufragio para luego pedir permiso para todo a eso tan etéreo como son «los mercados».
Pongamos los pies en el suelo y asumamos que esta reforma laboral no es buena, y Rajoy lo sabe perfectamente (así lo ha confesado en petit comité).
De todas formas, Mireia, si esta huelga general ha sido un fracaso, eso será bueno para el Gobierno, y eso será bueno para que los mercados nos miren mejor.
Pero esto se lo contamos al tendero, a la cajera del supermercado, al del taller, al del concesionario, al de la inmobiliaria… que parece que no entran en eso que llamamos «mercados».
La pregunta clave sería»¿Para quién gobernamos?». ¿Acaso los gobiernos no tienen la obligación de reflejar en sus políticas las inquietudes de su pueblo?
Saludos