El cara a cara entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba centró ayer la expectación del Debate del Estado de la Nación, aunque reconozcamos que no hubo grandes novedades. Lo esperado.
El debate discurrió por senderos que ya se habían utilizado en las últimas semanas, en las que el Gobierno ha ido apuntando que, sin triunfalismo, hay síntomas de que las cosas pueden mejorar aunque para ello haya que seguir profundizando en las reformas… La oposición en su línea, que el Gobierno es un desastre, está cercado por la corrupción del caso Bárcenas y que ante esta situación Rajoy se debe ir… Nada nuevo. Y de ahí a pronunciar el “y tu más” había un paso que, evidentemente, se dio por ambas partes.
Mariano Rajoy tiene una mayoría amplia en la Cámara y se notó. Desde la legitimidad que le da esa mayoría hizo un discurso contundente, realista, sin alaracas ni frases rimbombantes. Evidenció, porque es así, que los sacrificios que hacemos los ciudadanos darán sus frutos y ya hay datos en la economía que apuntan a la esperanza. Somos más competitivos con nuestra legislación laboral, se ha contenido el déficit que estará por debajo del 7%, las exportaciones nos están dando grandes alegrías y hoy nadie en Europa duda, y es verdad, que España saldrá de la crisis. La batería de medidas anunciadas no parece que vayan a suponer sacrificios adicionales y sí puertas a la esperanza de que fluya el dinero para las empresas, respiren con el no adelanto del IVA de las facturas no cobradas, se invierta mas en I+D+i, se endurezca la lucha contra la corrupción y se aborden reformas a favor de los emprendedores.
Pero si por la tarde hacemos caso a Rubalcaba, parece que estamos en un país al borde del desastre, donde todo va mal y sin esperanza. Rubalcaba intentó ser institucional, pero rápidamente enseñó sus cartas: Bárcenas, Bárcenas, Bárcenas. Resultó hasta aburrido en su exposición y poco creíble en sus críticas, porque mal que le pese, tiene historia y muy reciente, y eso es un lastre. Ni siquiera le funcionó el reconocimiento en voz alta, de por qué el Gobierno socialista no había resuelto problemas como el del desahucio. Es verdad que pidió muchos consensos y que personalmente creo que deben ser escuchados, pero más parecen ofertas de cara a la galería, que intenciones de tender la mano al Gobierno para ayudar a salir de la crisis. Lo dicho, escrito todo en el guión, del que ninguno de los dos se apartó un sólo momento.
Algo que no llego a entender es el papel de las bancadas de ambos partidos. La imagen de «patio de colegio», de pelotas a ultranza, de hooligans sin venir a cuento, proporciona al Parlamento una imagen deleznable la verdad. Tanta risita, tanto aplauso y halago al propio, tanta descalificación al contrario, gritos o pateos, no es propia de personas que se dicen “padres de la patria” y que ni siquiera saben mantener la compostura en los momentos importantes. Los ciudadanos les agradecerían modales en los escaños. Ganaría la política y ganaría, y mucho, el debate.
Los diputados son todos unos babosos.Es un insulto a los ciudadanos ese amor que sienten por el que más manda en el partido.Son groseros,son irrespetuosos y son lo peor.No vuelvo a votar porque me dan asco estos espectaculos