¡Qué reveladora y preocupante la encuesta que ayer conocimos sobre Catalunya! Reveladora porque pone a CiU frente al espejo de su realidad, la pérdida de apoyo popular que está sufriendo fruto de su deriva y, sobre todo, de sus escándalos que ya no tapa nadie. Ya no les funciona esa pantomima que han venido practicando durante años, en la que vendían que criticarles a ellos era criticar al territorio y a sus habitantes.
Los presuntos escándalos de los Mas y los Pujol han hecho que el electorado se aleje de ellos y lo que es peor, ya no les crea. Dejarían de ser la fuerza más votada y ERC recoge los frutos, que reconozcamos que ha sembrado bien y está sabiendo «nadar y guardar la ropa»… Es el juego de la democracia y contra él no caben enmiendas. Lo que pasa es que está en juego el futuro porque la perspectiva de que las riendas de Catalunya las pudiera llevar un partido radical como Esquerra, supondría una muerte lenta de la economía y de la sociedad catalana. Basta con escuchar las intervenciones de los representantes de ERC en el Parlament estos días en el Congreso de los Diputados, para comprobar lo que supondría poner el poder en manos de un conjunto de visionarios incapaces de vivir en la realidad del siglo XXI. No se puede pretender gobernar desde la confrontación permanente, enmendado las reglas de un mundo global y pasando por encima de las normas del más elemental sentido común en la convivencia.
Evidentemente hablamos de una encuesta. De una encuesta hecha en plena eclosión de los escándalos, con la decepción de los votantes a flor de piel y en medio de un hastío general, que ése sí que es preocupante. Las encuestas marcan tendencias y en este caso debe ser un aldabonazo para poner cordura en la política catalana, (y de paso también en la del resto de España), para que los partidos y sus actores empiecen a recuperar la confianza que hoy han perdido. Más bien la que han dilapidado. Sólo si renace esa confianza habremos dado un paso de gigante para afrontar la crisis. Como sigan aflorando encuestas como la que hemos conocido, nuestro prestigio internacional volverá a cotas mínimas y eso tampoco nos lo podemos permitir.