Si no fuera por la gravedad de las consecuencias, todo parecería un mal sueño o un sainete protagonizado por personajes mediocres y de opereta dispuestos a todo con tal de destacar. Lo que pasa es que el asunto es grave, juega con el futuro de una nación, de una comunidad autónoma y del bienestar de los ciudadanos. Me duele volver sobre lo mismo. Es reiterar lo que venimos viviendo, pero es que es la actualidad. Mas mintió ayer. Mejor dicho, dijo medias verdades, que son las peores mentiras. En un discurso de investidura que más se asemejó un auténtico dislate que a un discurso serio e importante, dejó entrever, sin decirlo claro, que tenía tratado con la Unión Europea que Cataluña sería el estado 28 de la Unión. Sólo los seguidores de su secta independentista pueden creerse que Mas ha podido tratar este asunto en Europa, porque no hace muchos meses acudió a Bruselas y fue recibido por el funcionario de turno, sin que ninguna autoridad, ni siquiera de tercer nivel, se prestara a escucharle.
Si prescindimos de la propaganda nacionalista, las hemerotecas ponen de manifiesto que no han sido una, ni dos, ni tres, sino todas aquellas autoridades comunitarias a las que se les ha preguntado, las que han respondido que una Cataluña independiente estaría fuera de la Unión y necesitaría para incorporarse poner el marcha el proceso de adhesión y la aquiescencia de los 27. ¿A quién quiere engañar este filibustero político? ¿Cómo es posible que haya un sector tan amplio de la sociedad catalana que se trague sus mentiras?…
Su discurso de ayer demostró que su bandera es la independencia; bandera y cortina de humo a la vez, porque ha cedido en todo a las presiones de ERC y tiene que evitar parecerlo. Por eso volvió una y otra vez a la independencia y justificó, de forma rocambolesca, medidas radicalmente contrarias a la filosofía convergente, como la brutal subida de impuestos que va a hacer que los catalanes sean más pobres. Es más, justificó hasta el saltarse las leyes a la torera, lo que pone los pelos de punta cuando hablamos de un político que va a presidir una comunidad y que, por lo menos de momento, será el representante del Estado en su territorio.
Insisto en que siento pena y no me gustaría comentar más sobre esto. Respeto a quienes de buena fe creen que Cataluña un día puede ser independiente, pero a ellos apelo para que hagan las cosas con cabeza, con sentido común y con sentido de estado, aunque sea de estado catalán independiente, pero con futuro, porque a lo que estamos asistiendo es a la huida hacia adelante de un político amortizado que está demostrando que su carrera en este momento sólo puede hacer daño social. Mucho daño…