Objetivo común: salir adelante.

La situación que vivimos es tan complicada, que ya nos hemos habituado a vivir con los informativos hablándonos de una tormenta de cifras que hasta hace unos años eran desconocidas para todos nosotros. Nos hemos visto obligados a realizar cursillos acelerados de economía para tratar de comprender (¿?) «algo» de esta crisis galopante que padecemos. Son magnitudes de tal tamaño que se nos presentan inalcanzables, pero que nos están haciendo comprender, por la vía de los hechos, que hay que hacer esfuerzos, sacrificios y muchas renuncias.
El lunes conocimos lo que ya se sospechaba, que el déficit el año pasado se disparó por encima del 8,5% del PIB. Cada décima son 1.000 millones de euros, lo que significa que gastamos 26.000 millones más de lo permitido. Como en este momento el objetivo marcado por Bruselas para el 2012 es un déficit del 4,4, tenemos que recortar nada más y nada menos que 51.000 millones de euros, lo que significa casi 8,5 billones de las antiguas pesetas. Significa que el Estado en su conjunto deberá recortar 1.216 euros por habitante, lo que es prácticamente imposible de acometer sin tocar los servicios esenciales.
Esta ensalada de cifras nos indica que los sacrificios no han hecho más que empezar y que cuando a finales de marzo el Gobierno Rajoy presente los presupuestos, aún deberemos asumir mayores sacrificios. Este es el resultado de una política sin cabeza, de cálculos mal realizados y de gobernantes incapaces que han hecho un daño que tardaremos décadas en reparar.
Frente a las duras críticas al Gobierno del PP por los recortes, hablemos claro. Reconozcamos que lo está intentando, que ha tomado más medidas que el Gobierno socialista en ocho años y que transmite imagen de rigor y seriedad. Hay que dar tiempo a las cosas; las reformas actuales y las que están por venir, necesitan tiempo. Desde luego no hacer nada ya sabemos a donde nos conducía…
En cualquier caso, creo que el debate ya no es político sino de emergencia nacional, de unir esfuerzos para afrontar la situación por la que atravesamos. Empezar a echarse las culpas unos a otros ya no tiene sentido, porque la realidad es la que es, la estamos sufriendo, y los ciudadanos piden son soluciones. Rajoy está dispuesto a pedir esta misma semana una suavización de la rigidez que nos impone Europa y la aceptación de la misma estará marcada por la seriedad del Gobierno y las medidas que adopta. En este sentido necesita el apoyo de todo el espectro del arco parlamentario, porque nuestra crisis no es una cuestión ideológica, es tan importante superarla que de ello depende el futuro. Perderse en la habitual disputa de “si son galgos o son podencos”, es perder un tiempo precioso que no tenemos.

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1 comentario

  1. Como norma de vida he tomado el hecho de que el sosiego y la razón deben ir de la mano. Dicho esto te contaré mi opinión sobre lo que desde mi modestísimo punto de vista habría que hacer en esta situación.
    Creo que aquí lo hemos hablado alguna vez, pero no es malo insistir en que la unión monetaria es el tejado del edificio que hemos tratado de construir en este entelequia llamada Europa.
    Uno no deja de sorprenderse desde que Grecia reconoció el maquillaje de cuentas con tal de adherirse a la unión monetaria; esto es tremendo.
    Pues bien, puestos en este punto, habría que diseñar nuevamente el proyecto de este edificio resquebrajado y, a lo mejor, es más barato derruir.
    Lo primero que habría que hacer sería una unión administrativa y fiscal; de esta manera los estados «asociados» y, lo más importante, sus correspondientes ciudadanos estarían bajo las mismas normas fiscales.
    Por poner un ejemplo: Leyes administrativas comunes implicarían una coexión común con tal de poder establecer convergencias que, en el futuro, ni se plantearían.
    El IVA, por poner otro ejemplo, debería ser común a todo Europa. El salario mínimo interprofesional debería ser común.
    Es demasiado descarado que Europa haya creado ciertas desigualdades con tal de beneficiar a estados más poderosos dentro de este territorio. Alemania está ganando ahora la segunda guerra mundial imponiendo y cuasi colonizando al resto de países.
    También es cierto que España se ha beneficiado de subvenciones, nadie lo niega, pero prefiero que mi país no sea un subvencionado, muy al contrario: prefiero que mi país sea potente al reflejarse aspectos como el I+D en su maquinaria de vida.
    A Europa le pasa lo mismo que al antiguo Imperio Romano: feneció a partir de subvencionar lo conquistado.
    Volvamos a lo de los cambios.
    Nada de autonomías como ente administrativo o de poder. Nada de Congreso de los diputados, eso debe quedar para Bruselas. Sí al senado como representante real del pueblo. Los senadores se harán eco, ante nuestros representantes en Bruselas, de lo que fuere.
    Por último, y que yo sepa, Europa -como idea- nació de un galopante humanismo donde se entiende perfectamente que la riqueza de mi vecino revierte positivamente en mi vida.
    Que yo tenga un vecino marginal no me beneficia; prefiero que mi vecino sea educado, cívico y socialmente presentable.
    Las desigualdades llevan a estas situaciones donde lo peor de todo es haber robado a una generación de jóvenes lo mejor que puede dárseles: ilusión.
    Saludos

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