Algo más que salud, amor y dinero.

Me resultan interesantes las conclusiones de la encuesta de Ipsos que ha publicado “The Economist” sobre la felicidad en diferentes partes del mundo. Se trata de una encuesta en 24 países con una muestra de 19.000 entrevistas. El dato final es que el mundo es más feliz que en 2007, cuando se hizo la encuesta anterior, pero esa felicidad no radica principalmente en los países más desarrollados económicamente. Es más, en España sólo el 11% de los encuestados dicen ser muy felices y en Italia el 13%. La conclusión de los autores del estudio es que cada vez se pueden ligar menos la felicidad y la riqueza.
Estoy bastante de acuerdo con ello; es más, creo que fiar la felicidad sólo a los recursos económicos es la garantía de que esa felicidad será efímera y que difícilmente se podrá mantener durante toda una vida. El hecho de que dos países que hasta hace muy poco estaban en el grupo de los de cabeza del mundo y ahora sean de los que más problemas económicos tienen, demuestra claramente que la frustración se ha instalado en los ciudadanos, y se refleja en esos bajos índices de afirmaciones de felicidad.
El dinero no es la clave de la dicha, aunque es cierto que puede ayudar a ella, pero siempre que entendamos que el dinero es un medio y no un fin, y que se emplee para satisfacer nuestras demandas materiales o para disfrutar de las muchas cosas buenas que tiene la vida… Pero además del dinero, como diría el clásico, están la salud y el amor. Mejor dicho, están muy por delante, y muchas veces no nos damos cuenta de ello.
En realidad, además de estas tres premisas, hay pequeños detalles que configuran una parte esencial de nuestras vidas. Un buen libro, un paseo, ver romper las olas, una buena película, una charla distendida, un buen concierto, saborear un vino, una merienda de amigos, admirar un cuadro, visitar un museo, un edificio majestuoso;… son cientos de pequeñas cosas que seguro que están al alcance de nuestra mano, que no son un alarde de riqueza, pero que nos hacen comprender que merece la pena vivir cada día, disfrutar de cada instante… Hay que saber disfrutar de los momentos, conectar con ellos, sentirse cómplices de las situaciones, buscar en ellas el bienestar de aprender, de experimentar, de descargar las tensiones que desgraciadamente no nos sobran…
Si lo que hacemos es mirar de reojo al de al lado, excitar la envidia, ambicionar lo que no podemos tener, centrarlo todo en la competitividad y buscar ser los primeros a toda costa, el resultado es el que dice el estudio: que encabezaremos los rankings de la infelicidad. En nosotros está cambiarlo.

3 comentarios

  1. La encuesta se las trae; mira que es difícil determinar lo que es la felicidad.
    No sé si estarás de acuerdo con mi idea de felicidad, pero creo que todo se resume a algo tan simple como no tener momentos infelices o, tras haberlos tenido, aprender de ellos para dar otro impulso.
    Con respecto a los resultados de la encuesta, parece que nos estamos volviendo sencillos, simples… ¿inteligentes?
    De todas formas, la felicidad es mejor imaginarla que tenerla.
    Saludos

  2. De acuerdo con Robles en que es muy difícil definir la felicidad y mucho más difícil todavía medirla.Pero como ahora se mide todo seguro que se han establecido unos baremos.Sin embargo no hay que olvidar que la felicidad de muchos es la infelicidad de otros y eso hace que esto sea muy complicado.España hoy es un país bastante triste y eso es algo que se palpa de forma muy clara en las calles.

  3. Desde mi punto de vista, la felicidad se reduce a sentirse bien, y uno se siente bien primero cuando goza de buena salud, tiene todas sus necesidades básicas cubiertas y un enfoque positivo de la vida. Todo lo demas es literatura, polvo y paja. Si cuando haces un gesto humanitario piensas en toda la mierda que hay, no consigues ser feliz. Ahi Robles creo que tiene razón, es mejor imaginar e imaginar que todo es conforme uno desaria que fuera y no como es.

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