Jamás pudo pensar el PP que a una semana de las elecciones generales pudiera tener una perspectiva tan positiva. Ni siquiera el desastre de la gestión del Gobierno de Zapatero hacía prever una situación tan favorable. Además, cuanto más avanza la campaña, más se hunde Rubalcaba, una situación que es lógico que genere cierta impotencia que le lleva a cometer cada vez más errores. La causa de todo lo que pasa es la gestión de los últimos años al frente del Gobierno, el lastre de los 5 millones de parados que nos ponen frente a la realidad más dramática que jamás hemos vivido. El resultado es que los españoles apuestan por un cambio, buscan el revulsivo a tanta incompetencia y esperan que esta pesadilla se acabe. La consecuencia es que tenemos la perspectiva del peor resultado del PSOE desde la transición y una mayoría absoluta del PP que, personalmente, veo como imprescindible para tomar determinadas medidas que no serán fáciles, ni populares, pero que son imprescindibles para empezar a salir de la crítica situación actual.
Pero una cosa es cierta y no hay que engañarse: la mayoría absoluta del PP se cimienta sobre la abstención de los descontentos socialistas, porque hay tal nivel de decepción con la gestión que los socialistas han realizado, que los suyos optan por un cambio tranquilo que permita además renovar un partido al que no conocen en sus posiciones actuales. De todo esto ha de tomar nota el PP, que consigue movilizar a todo su electorado y que de alguna manera, de confirmarse los vaticinios que apuntan las encuestas, tiene el placet para intentar reconstruir lo que Zapatero y los suyos han destrozado en los últimos años.
Todavía falta la semana que hoy comenzamos y hay mucho trabajo por delante. No va a ser una semana fácil para nadie, porque el PP tiene que afianzar a su electorado y sumar el máximo de votos, y el PSOE se va a lanzar a la desesperada para intentar movilizar a los suyos y para captar un voto útil, que en esta ocasión no será tal y que nos permitirá dimensionar el apoyo real que tienen fuerzas como Izquierda Unida. Escuchar ayer a Rubalcaba decir que Rajoy sólo habla al dictado de Aznar, cuando él no se despega de Felipe González y “esconde” a Zapatero en la más vergonzante de las situaciones vividas en una campaña electoral, demuestra hasta qué punto el PSOE ha perdido el rumbo en esta contienda, que los hechos demuestran que debería haberse ya celebrado hace meses y con ello haber ganado un tiempo precioso para la necesaria recuperación que esperamos todos los españoles.
Con todo, por mucho que digan las encuestas, estamos sólo ante estudios demoscópicos, no ante la encuesta real, que finaliza a las 20:00 horas del 20 N. Hasta entonces sólo hay una tarea por realizar: trabajar; y una llamada que hacer: todos a las urnas… Dar la victoria por cantada sería un error imperdonable que tendría un coste histórico. Eso es algo que los asesores del PP, por mucho pecho que saquen, no deberían olvidar.