Por una vez estoy de acuerdo con José Blanco: “De confirmarse lo que parece, el senador Curbelo debe dejar el escaño”. Y lo que parece es que Casimiro Curbelo, senador socialista canario y presidente del Cabildo de la Gomera, es un maleducado, un machista, un ejemplo vergonzoso para la opinión pública española y un desprestigio para las instituciones… No estamos ante un problema político, porque personas de este cariz los hay en todos los lados, estamos ante un problema de la negación de la educación y de los valores. Su salida de la vida pública no es un acto político, es un acto de justicia con la sociedad.
Cada persona es libre de acudir al tipo de local que le dé la gana, por muy dudoso que sea el gusto de los mismos; pero no por ser un Senador del Estado Español tiene el derecho de humillar a la personas que en él trabajan, ni de atacar a los policías de servicio, ni de recordar que por ser Senador él es quien da las órdenes. Nada más deleznable en la vida pública y privada que el prepotente y soberbio: “Usted no sabe quién soy yo”. Nada más vil y miserable que el insulto y la amenaza: “Te voy a hundir a ti y a los tuyos. Tu cara no la voy a olvidar en la vida, ni tú la mía, ni tu familia de Ceuta, que tú eres moro”. Sólo leer lo que refleja el atestado policial pone los pelos de punta y hace brotar una legítima indignación que debe tener la justa correspondencia de la devolución del acta de senador.
De nada deben servirle las maniobras políticas realizadas en el Cabildo de la Gomera para eludir dar explicaciones. De nada deben servir las disculpas o las apelaciones a la dignidad de quien ha demostrado no tenerla. Lo que tenemos como prueba es nada más y nada menos que un atestado policial y un parte de lesiones. ¿Se necesitan más pruebas? ¿Alguien puede pensar que esto es un montaje?… No. Hay una extralimitación de una persona que tiene una responsabilidad que no merece y lo que tiene que hacer es devolver su acta inmediatamente. Y un dato más que pone en tela de juicio la categoría personal y moral del todavía hoy senador: acude a un establecimiento de esas características acompañado de su hijo, en evidente estado ebrio. Me cuesta mucho pensar y entender este tipo de correrías conjuntas entre padre e hijo. No soy quién para juzgar, pero sí estoy en mi derecho de expresar mi opinión sobre lo que pienso que debe ser la relación entre padres e hijos, y desde luego en mi esquema de valores no se contempla la asistencia conjunta en según que tipo de establecimientos.
Lo he escrito en anteriores ocasiones y lo reitero hoy. A la gran crisis económica que vivimos se une una profunda crisis de valores que impone que todo vale, que cada uno puede hacer lo que le dé la gana, que el individualismo es lo que prima, que el éxito personal está por encima de todo, que el poder y el dinero son los grandes dioses de nuestro siglo y que el fin siempre justifica los medios… Por este camino la solidaridad deja de existir, la educación se va a pique, el interés colectivo sucumbe ante el individual y prima el “sálvese quién pueda”. Esta crisis empieza a ser tan profunda, que aunque no lo parezca, se constituye en un lastre que lleva más a fondo la crisis de la sociedad en la que vivimos.
Son muchas las razones por las que el PSOE tiene que desprenderse de Casimiro Curbelo, porque no tiene la dignidad que debe tener todo cargo público, que no sólo debe de ser eficaz en su trabajo, sino que tiene que tener una conducta intachable que debería ser ejemplo para la sociedad. Insisto en que para mi este no es un problema político, ni creo que deban ser exactamente responsabilidades políticas las que asuman por esta actuación, son responsabilidades ante la sociedad civil y eso implica que tiene que marcharse, y si no se va es entonces cuando el partido debe expulsarle. El código de buena conducta de los partidos no puede circunscribirse exclusivamente a la gestión, debe ir más allá y entrar en la conducta social de sus cargos públicos. No se puede consentir el uso negligente de su posición, ni la amenaza. Curbelo ha demostrado con su conducta cómo es la persona que lleva dentro, porque si en razón de su cargo es capaz de protagonizar algo como lo vivido el jueves en un club sauna de Madrid, nos podemos esperar lo peor siempre que haya excesos cualquier índole. Lo triste es que se haya intentado parapetar en su cargo político y en su formación en la Gomera, en lugar de comportarse como un hombre y haber dimitido ya.