Newtown, sin respuestas posibles.

Tardaremos tiempo en olvidar la tragedia de la localidad estadounidense de Newtown. Nunca llegaremos a entender qué pasó por la cabeza de Adam Lanza para disparar a destajo contra niños indefensos, contra las profesoras o contra su madre. Por mucho que traten de explicarnos que si la depresión, que si la introversión, que si el odio…, lo cierto es que no entra en mente humana una masacre tan execrable, absurda e irracional. Pero lo cierto es que estos hechos suceden, que periódicamente aparecen iluminados que disparan contra todo lo que se mueve y que tratan de aplicar una incomprensible justicia personal que intentan justificar no se sabe bien qué extraña problema mental.

 Tardaremos tiempo en olvidar, pero la gran duda es si se pasará página pronto y se aparcará otra vez más el debate que se abre en los EEUU cada vez que esto sucede. Es imprescindible limitar la plena libertad del comercio de las armas, amparada por la segunda enmienda con la justificación de que todo americano tiene derecho a su autodefensa.

 Psicópatas los ha habido siempre, pero lo cierto es que esta sociedad de la comunicación, de la sofisticación de la muerte en la ficción, genera cada vez más monstruos. Son los peligros de la exaltación de la violencia como ocio y del exceso de la difusión de estas tragedias, que hacen que mentes enfermas traten de alcanzar un nivel de protagonismo que supera sus más estrafalarios sueños.

 El mundo entero llora la muerte de 20 pequeños indefensos que han visto truncadas sus vidas cuando apenas habían comenzado a vivirlas, pero también siente la admiración del trabajo de las seis profesoras que no dudaron en exponer sus vidas para evitar una tragedia todavía mayor. Son las dos caras de una desgracia que no debería volver a producirse y que nos alerta de los peligros de una libertad mal entendida, del excesivo consumo de la violencia como hobby y de la poca vigilancia en las escuelas de los casos de introversión en jóvenes que se les ve complicados.

 Educar en la no violencia, vigilar el exceso de videojuegos, acabar con la exaltación de los liderazgos mal entendidos deberían de formar parte de la educación en valores que se hace cada vez más imprescindible… Ojalá no tengamos que volver a llorar por hechos tan terribles.  

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