Hay pocas razones para el optimismo, aunque ya sabemos que la esperanza es lo último que debemos perder. El Fondo Monetario Internacional ha echado un jarro de agua fría sobre muchas de las expectativas que había de cara a los próximos años. El FMI asegura en su último informe, que seguiremos en recesión al menos dos años más. Prevé que el PIB descienda un 1, 7% en 2012 y un 0,3% en 2013. Los datos son demoledores para una economía que reclama a gritos motivos para crecer, pero que no encuentra el terreno abonado para ello. La situación de la moneda y de Europa hace que nos encontremos en una situación todavía mucho más compleja, ya que condiciona mucho lo que nosotros podamos hacer.
Los datos que se manejan no son buenos, ni lo son las perspectivas que vaticinan las agencias de calificación que no descartan devaluar la de nuestra deuda antes de final de mes. Con estos datos, puede dar la impresión de que toda medida que se adopte no tendrá utilidad. Sin embargo, sería un grave error dejarse llevar por el negativismo y por la tendencia exterior y no apostar por las medidas propias, aunque estas sean dolorosas; porque es un hecho que si logramos sanear nuestras cuentas, controlar el gasto de las autonomías y dotar de rigor a los ejercicios presupuestarios de las administraciones, estaremos sentando las bases para ordenar las cosas de cara al futuro… A veces las medidas traumáticas son parte de la solución de los problemas, como cuando un cirujano tiene que actuar sobre un miembro del cuerpo para salvar la vida. Las amputaciones son tremendas, pero las más de las veces son curativas y éstas son medidas que sería una negligencia no contemplar.
El Gobierno de Mariano Rajoy tiene la ventaja de que los ciudadanos comprenden que la situación es tan mala, que hasta desdecirse del programa electoral es algo tolerado. Tal ejercicio de apoyo de los ciudadanos exige una respuesta responsable y meditada, una respuesta que sea explicada y comprendida y que nos permita ganar la confianza de la que ahora carecemos. Apostar por el futuro no es seguir el camino más fácil, ni posiblemente el más adecuado a determinados intereses electorales; pero en este momento no se puede pensar en satisfacer los intereses de partido, porque lo que hay que hacer es pensar que estamos en un momento crítico que no permite demoras.
España ha hecho grandes cosas siempre, ha sorteado numerosos controversias a lo largo de su historia. Posiblemente con el paso del tiempo esta crisis se verá como una más, pero la realidad es que este es el camino más duro que recorremos desde que llegó la democracia. Lo que los ciudadanos piden al Gobierno es que actúe y que no se deje condicionar. Parece que lo tiene claro y lo va a hacer. Lo que hay que pedirle además es que lo explique, porque si los ciudadanos lo comprenden, las cosas serán mucho más fáciles.
Independientemente de lo que por RL pueda entenderse, cualquier reforma laboral que en un país o zona hoy sea abordada perseguirá uno de estos dos objetivos: o favorecer la creación de empleo nuevo, o reducir los costes laborales. Los dos juntos hoy son imposibles.
En España estamos a las puertas de una RL, una RL que se plantea en medio de una crisis sistémica que afecta al planeta; en una economía: la española, que está decreciendo y que arrastra carencias clamorosas en productividad desde hace siglos; en una economía que cuenta con una de las tasas de actividad más reducidas de Europa pero aun así con una población activa de veintitrés millones de personas; y en una economía con más de cinco millones de personas desocupadas buscando un empleo que no encuentran.
Empecemos por el segundo objetivo. España hoy, ¿puede reducir los costes laborales?, sí, evidentemente. España hoy, ¿ganará algo reduciendo sus costes laborales?, de forma generalizada, no. Si se analiza el volumen de los costes laborales en España se observa que son de los más reducidos del área euro, sin embargo la razón que se esgrime para disminuirlos es la ganancia de competitividad. Es decir, se argumenta, España ganará competitividad si sus empresas reducen los costes del factor trabajo que utilizan.
El razonamiento anterior se fundamenta en la realidad española: eliminada prácticamente la actividad constructora tanto pública como privada, aceptada la realidad de unos ingresos diarios medios reales decrecientes por turista entrado y cerrado el grifo del crédito para financiar los circulantes de las empresas, la salida para ganar competitividad sería reducir los costes laborales: congelación de salarios, reducción del precio de las horas extras, disminución de las cuotas empresariales a la seguridad social, reducción de las indemnizaciones por despido (y favorecimiento del mismo), … ; indirectamente estas medidas supondrán una reducción de los salarios debido a que la oferta de trabajo crecerá -más desempleo- o serán aceptadas caídas en las remuneraciones por el miedo a perder el empleo. Es evidente que ello reducirá el poder adquisitivo de la población ocupada pero los partidarios del razonamiento argumentan que ello mejorará las posibilidades exportadoras de España.
Según este punto de vista España ganaría, así, competitividad porque no puede ganarla de otro modo ya que España tiene una productividad muy reducida debido a que el nivel de capitalización de la empresa española es muy bajo y así va a continuar las cosas ya que en base al mix de bienes y servicios que España produce no le es rentable a la empresa española media invertir para ganar productividad. Y el razonamiento supone algo: que España va a exportar mucho porque el exterior va a desear los bienes y servicios españoles, que los va a desear enormemente, y que ese exterior va a tener renta y/o capacidad de endeudamiento para pagarlos.
Desarrollando el razonamiento desde una perspectiva posibilista, exportando, la economía española crecerá, ocupará cada vez a más población activa que será remunerada con mayores salarios, y España superará la desaparición de la construcción encontrando nuevos subsectores de crecimiento que permitan absorber la oferta de trabajo española. El Estado ingresará más debido al creciente mayor consumo y reducirá su gasto público por la caída que experimentará el desempleo, lo que incidirá positivamente en el déficit, reduciéndolo.
Pero la realidad es que España produce lo que produce, que eso que produce es lo necesario que es, que lo produce con un nivel de dependencia energética y tecnológica elevada, y que nunca España podrá competir en costes laborales con Túnez o Marruecos (por no ir más lejos) a no ser que se esté dispuesto a una inestabilidad social permanente, y que la capacidad de consumo de los posibles consumidores de los fabricados españoles es la que es, y es decreciente, porque también en el exterior se está produciendo un acelerado deterioro de la situación económica, y de ello el gran exportador: Alemania ya sabe bastante.
Vayamos al primero. El desempleo del factor trabajo ha aumentado en todos los países europeos, pero en España muchísimo más debido a que la construcción, una actividad que absorbía una ingente cantidad de factor trabajo ha colapsado, lo que ha desencadenado la destrucción ingente de puestos de trabajo tanto en actividades directamente vinculadas con la construcción como en otras que existían a la sombra del consumo generado por las personas ocupadas en la construcción: ocio, comercio, transportes, …. A ello hay que añadir la actividad en retroceso del subsector financiero que se está traduciendo en pérdida de puestos de trabajo en las entidades integradas en el mismo.
España precisa que su PIB crezca a una tasa mínima del 2,59% anual para que empiece a descender la tasa de desempleo, y necesita que ese PIB crezca, al menos, al 1,23% para que aumente el nivel de ocupación. En resumen, España debe crecer como mínimo al 2,0% anual para que su economía genere empleo neto. España tiene un modelo productivo muy intensivo en factor trabajo que genera un bajo valor añadido por hora efectivamente trabajada porque la capitalización de sus empresas es reducida debido a que produce bienes y servicios de bajo valor.
Es decir, para que España cree empleo, o bien cambia su modelo productivo lo que es imposible de hoy para mañana porque España lleva con siglos con ese modelo, o bien encuentra una actividad que sustituya a la construcción para sustituir la demanda de trabajo que la construcción generaba, lo que no parece muy viable a medio plazo al margen de que, aunque se consiguiera, se produciría una caída del poder adquisitivo de la población ya que los salarios tienden a la baja como causa de la RL y de que el crédito orientado al consumo, tal y como lo hemos conocido, se ha ido para no volver.
En un escenario en el que la oferta de trabajo tiende al alza aunque sólo sea por el mero crecimiento vegetativo (y para este enfoque tanto da que la economía sea sumergida o no) y la demanda de trabajo tiende a la baja porque el consumo interior público y privado apuntan a menos al igual que las exportaciones de bienes no necesarios por la disminución del poder adquisitivo de los consumidores exteriores a medida que la crisis se vaya enquistando, ¿cómo va a ayudar una RL a generar empleo?.
En consecuencia, pienso que la RL reducirá los costes laborales contra una promesa que no puede cumplir -reducir la tasa de paro-, y lo hará preparando el nuevo modelo en el que el valor de la mayoría del factor trabajo será mucho menor que hasta ahora y, por tanto, su precio; junto a esto lo que puede esperarse para una situación postcrisis son elevados niveles de desempleo estructural que para España ya se están evaluando entre el 12% y el 18% con valores centrales de entre el 14% y el 16%.
Resumen del resumen: para todas las economías, pero para la española mucho más, el desempleo, imposible de ser absorbido debido a que el crecimiento cada vez necesitará menos factor trabajo y cada vez estará más centrado en el uso de unos recursos escasos para producir lo necesario, aumentará bajo el epígrafe de ‘paro estructural’ (amortiguado por lo que el ‘subempleo’ pueda mitigar). La alternativa, pienso, la reducción de la población activa.
Y con las previsiones ¿filtradas? del Informe de Invierno del FMI que plantea un crecimiento para España del -1,7% para el 2012 y del -0,3% para el 2013, y suponiendo que la realidad no sea aún peor, ¿cómo va crear España empleo se ponga en marcha esa RL o se ponga en marcha otra?.
No creo, que atornillando, al que tiene trabajo, ahorros e inmuebles, vayamos a encontrar el camino de la recuperación económica. Las medidas que se han tomado recientemente de subir el IRPF, subir el gravámen de la rentas del capital, y subir el IBI, van a provocar que el consumo de la clase media se deprima más, por lo que seguirá subiendo el paro, y descendiendo la recaudación fiscal del gobierno, que es justo lo contrario de lo que se pretendía al tomar esas medidas.
Estoy de acuerdo contigo Mireia, que este gobierno, goza actualmente de mucha comprensión y tolerancia, que somos todos muy conscientes de lo mal que está la situación, y ahí es donde los ciudadanos igualmente están exigiendo valentía para tomar medidas más dinamizadoras y valientes. Para subir impuestos, valgo hasta yo.
En la calle, cada vez es mayor el clamor, sobre dos ideas básicas. La primera es que hay que dejar respirar a las clases medias con subidas de impuestos, céntimos sanitarios y demás mordidas varias, y a la vez, el estado tiene que adelgar en su megaestructura monstruosa. La segunda idea, es que hay que instrumentalizar medidas que persigan reducir el gasto en ayudas a las clases pasivas, en el sentido de destapar la picaresca de individuos que se aprovechan de situaciones de necesidad, para así gozar de ayudas estatales que sólo sirven para incrementar la ya abultada economía sumergida que padecemos en este país.
Seguro que D. Luis de Guindos, está de acuerdo con estas ideas liberales. Así lo creo, porque yo en persona tuve el placer de escucharle en una conferencia que tuvo lugar en Valladolid, la pasada primavera. Ya sabemos que una cosa es predicar y otra gobernar, pero por favor, por encima de si hay elecciones en Andalucía, o en la Venta de Vargas, la situación hay que enderezarla sin más dilación.
Un saludo, y buen fin de semana.
De acuerdo con lo que dicen los dos Santiagos.
Pero, ahora, una pregunta: ¿Cómo denominarían ustedes a un país cuyo nivel de economía sumergida se eleva al 25% del P.I.B.?
Esto último es cuestión de tiempo, pero el corto plazo es, como dice Santiago, atacar el bolsillo, linealmente, de la clase media trabajadora.
Saludos.
Fdo.: J.Robles