Esta noche se cierra la campaña electoral de las elecciones catalanas y el domingo se votará. Será el momento de empezar a dibujar el momento político de Cataluña después de las pruebas de estrés a las que Mas ha sometido a toda la sociedad catalana. La gran incógnita es saber qué hará después de las votaciones si, como parece, no logra la mayoría absoluta. Ayer hacía el último intento de manipular a la sociedad catalana reiterando la denuncia de que desde Rajoy a Cospedal, pasando por Montoro, han montado un informe policial para doblegar la voluntad de los catalanes. Mas miente con un desparpajo sorprendente, porque no sólo no hay montaje, sino que nadie ataca a Cataluña porque lo que hay sobre la mesa es una denuncia sobre la existencia de unas cuentas en Suiza suyas y de Pujol, de las que por cierto no hablan o dicen expresiones vagas.
Como ya ha quedado sobradamente demostrado Artur Mas ha conseguido su objetivo de que no se hable de su incapacidad como gobernante, pero le será difícil llegar a la mayoría absoluta a lomos de su proclama independentista. El lunes 26 deberá enfrentarse a la realidad del momento y entonces volveremos a comprobar su nivel como gobernante.
Cataluña se juega mucho en estas elecciones, pero no porque decidan si han de ser independiente o no, sino porque elegirán al Gobierno que debería colaborar con el del Estado para salir de la crisis y tal y como están las cosas parece algo muy distante de ser alcanzado. Los ciudadanos catalanes votarán con cabeza, conscientes del momento y en el ejercicio de su libertad. A pesar de todo el montaje de la campaña por parte de los nacionalistas, será nuevamente una fiesta de la democracia y que nadie dude de que los resultados serán asumidos con la legitimidad con la que son emitidos los votos que los propician. Los ciudadanos acertarán y Cataluña tendrá por delante un tiempo para el futuro que, ojalá, se encuentre con el sentido común de una clase política que hasta ahora no ha demostrado estar sobrado de él.