Enemigos irreconciliables.

Es difícil tener una visión certera sobre el conflicto entre israelíes y palestinos, pero lo que es imposible es respaldar las tesis de grupos como Hamás, que ayer nos mostraba la imagen de un cadáver arrastrado por un moto por las calles de Gaza, en una venganza miserable y ruin sin justificación posible.
Una se pregunta si son personas quienes son capaces de despreciar la vida con un “castigo ejemplar” que demuestra el desprecio por la vida y por la decencia. No hay reivindicación que justifique tanta aberración, ni lucha que permita entender cómo un acto de salvajismo puede ser la bandera para reclamar algo que dicen que es justo.
No es fácil entender el conflicto entre israelitas y palestinos, una parte más del conflicto árabe isrealí. Los palestinos reclaman un estado propio en la franja de Gaza y Cisjordania, mientras chocan con la negativa israelí, cuyo estado data de 1949 con el apoyo de Naciones Unidas. Asistimos a un «toma y daca», a intentos de negociación que cada vez se complican más. Y todo se agudiza con el ascenso de Hamás entre los palestinos y el guerracivilismo instaurado entre ambos pueblos, que ahora llega uno de los momentos de máxima tensión con el avance del ejército israelí sobre los territorios palestinos. Ayer el último atentado, bendecido por Hamás como algo “natural”, dejó una veintena de heridos en Tel Aviv y abrió aún más la herida del enfrentamiento y de las dificultades de negociación.
Es evidente que hay que buscar una solución, que Israel no puede seguir presionando al pueblo palestino en la forma en la que lo hace, pero tampoco es de recibo que esta lucha haya generado un grupo popular que hace del terror su arma más potente y además cuente con la simpatía de grandes colectivos del pueblo palestino.
A última hora de la tarde de ayer se anunció una tregua, que de inmediato se debe traducir en un alto el fuego en Gaza, tras la negociación que se llevaba a cabo en El Cairo, en la que mediaba Hillary Clinton, tregua que llega tras siete días de auténtico terror. Habrá que ver el alcance del alto el fuego entre dos fuerzas irreconciliables que no están dispuestas a dar su brazo a torcer. Hamás, con el apoyo de los islamistas de Irán, quiere ganar la batalla de la imagen a pesar de que impone el gobierno del terror en Gaza, donde ya ha realizado más de 14 ejecuciones en aplicación de su particular justicia. Por su parte Israel con un gran apoyo internacional impone sus castigos en Gaza y aumenta sus ataques con la excusa de neutralizar el terror. Y así pasa el tiempo sin que avance un diálogo de sordos entre las partes que está causando numerosas víctimas entre la población civil…
La situación es tan complicada que es difícil ver luz en este túnel. Israel es una democracia y no puede utilizar métodos de guerrilla y represión para conseguir sus objetivos. El respeto a la ley y a los derechos humanos debe prevalecer. Pero no es menos cierto que enfrente tiene a unos terroristas que no están dispuestos a ceder en nada y que cuentan con el respaldo del fanático mundo islámico. Unos y otros pierden sus razones por la sinrazón de su actuación y por el camino que llevan nunca darán salida al conflicto, que al final no es un conflicto local, sino el ascua de Oriente Próximo y por ende de una parte estratégica del planeta.  

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