Se les llama JESP, “jóvenes emigrantes sobradamente preparados” y es la denominación con la que se conoce a los jóvenes españoles que tienen que salir de nuestro país para buscarse la vida. El dato es estremecedor ya que desde 2008 hasta finales de 2011, casi 310.000 jóvenes cualificados se han marchado de España en busca de trabajo.
El dato es de la FENAC, federación de pequeñas y medianas consultorías, que han analizado los datos disponibles de los últimos años y han decido alertar de la situación. Hay 1,5 millones de licenciados en España que están inscritos en el INEM con las nulas expectativas que todos sabemos. Esta situación o se corrige, o estamos gastando millones de euros para presumir de tener la generación de jóvenes más preparada de la historia, para que sus conocimientos enriquezcan a otros países o aquí se queden en dique seco. Una auténtica catástrofe.
Estos datos hablan por sí solos… Son la prueba más evidente de que no podemos seguir así por más tiempo, porque si esta hemorragia no se detiene, estaremos perdiendo un capital humano que es imprescindible para fraguar cualquier tipo de recuperación. Todos los puestos de trabajo son importantes, pero a nadie se le oculta que el futuro laboral viene de la mano de una buena formación, de la preparación adecuada para afrontar nuevos retos, de contar con el tejido laboral más competitivo. En los cuatro últimos años lo que ha pasado es que ese tejido se ha perdido, sin que los gobernantes hayan sido capaces de dar una sola solución. Por eso ya no puede haber más paños calientes ni más contemplaciones, ha llegado el momento de tomar cartas en el asunto y el Gobierno tiene que asumir el reto y resolver esta patata caliente que se llama reforma laboral. No se puede perder más tiempo, ni se puede caer en el conformismo de contentar a los de siempre, a costa de perder a los mejores. Los jóvenes necesitan trabajar, tienen que ver que hay un futuro posible y que está abierto… No creo que ahora lo que más les preocupe sea la estabilidad definitiva. Lo que quieren es acceder al mercado de trabajo, mejorar su formación saber que pueden afrontar los retos que les pone por delante la vida. La idea de que el mejor futuro pasa por ser funcionario y tenerlo fijo ha hecho mucho daño en nuestro país y de paso ha dañado injustamente la imagen del empleo público… Ahora la seguridad sólo viene dada por una buena salud de la economía, una buena preparación de los trabajadores y por una sociedad capaz de generar oferta laboral que pueda garantizar un futuro para ellos y sus familias.
No es posible entender que el gobierno esté perdiendo el tiempo por las elecciones andaluzas y no entre de lleno en la reforma electoral que necesita España.Tienes mucha razón en que la gente lo que quiere es trabajar y prefiere hacerlo a estar parado en casa y sin ninguna perspectiva.Los políticos y los sindicalistas se dan la mano para bloquear una contratación más fácil bajo el eufemismo de que no hay que tocar los derechos que se han logrado.Cuando no tengamos nada que mantener entonces vamos a echar de menos haber tomado medidas que por lo menos hayan abierto la esperanza de los parados.Es una vergüenza que sigan los privilegios sindicales y de los políticos y que los bancos se sigan haciendo ricos mientras nuestros hijos ven como el futuro o se les escapa o está en la emigración.Tenemos un país bastante penoso.
De siempre me ha resultado curioso, ver que los principales hombres de negocios en Europa y sobre todo en Estados Unidos, era gente que había tenido una idea brillante, en un garaje, a los 20 años y muchas veces sin haber acabado los estudios universitarios. Por poner algún ejemplo, ahí tenemos a Steve Jobs de Apple, Gates de Microsoft…, y sin embargo en España las principales familias ( y recalco lo de familias) que cortan el bacalao, son grupos ligados a la construcción, como los Entrecanales, Del Pino, Florentio Pérez… ¿Qué análisis podemos hacer?.
1) El estado, no tiene que tratar de incentivar y subvencionar aquellos negocios que considera el politico de turno como de futuro. Los negocios del futuro, se descubren ellos solos y sin ayuda de nadie. Lo que si que tiene que hacer el estado es adelgazar, y así propiciar un sistema impositivo liviano que de oxígeno y libere recursos para los que arriesgan y emprenden un negocio. En este sentido, qué mal llevo, que el Estado español subvencione la compra de vivienda y no la de artículos de equitación o pesca por decir algo.
2)Tiene que haber un sistema financiero sano y competitivo, que apoye la creación de empresas e invierta dinero en proyectos atractivos. Detras del crecimiento tan fenomenal que ha habido en Apple o Microsoft, encontramos el apoyo de fondos y bancos de capital riesgo, que arriesgaron su dinero, y que cuando están en lo cierto y es una buena idea, consiguen grandes beneficios, y de paso generan una enorme riqueza a la sociedad. Tristemente en España, los Bancos y Cajas, sólo han financiado en las últimas décadas proyectos inmobiliarios, los analistas de riesgos (conozco alguno) sólo son expertos en valorar suelo, oficinas, obra civil….
3) Socialmente, el emprendedor, debe ser admirado y venerado por sus conciudadanos, y cuanto más dinero gane mejor, porque en verdad se merece esa recompensa por lo mucho que se habrá desvelado, fracasos anteriores que habrá cosechado, y demás penurias. En España sólo se admira a los futbolistas y algún otro deportista de éxito, así como a personajes de diversa procedencia, que concurren en las principales televisiones, y lo que es más triste, cuando alguien se esfuerza y consigue éxitos académicos, profesionales o empresariales, recibe como pago la envidia, y por consiguiente el descrédito y las críticas.
Siento ponerme tan negativo, pero hay que ir tomando conciencia, que por el camino que hemos tomado en los últimos años, lo mínimo que nos podía pasar es lo que nos está pasando.
Un saludo.
Santiago.
Muy de acuerdo con lo que habéis escrito, pero quería poner un poco de ajo al menú.
Normalmente pensamos -dentro de las familias, digo- que la responsabilidad de todo lo que ocurre en la sociedad española es de las instituciones o de los manidos políticos.
En lo endógeno que las familias pueden hacer, no se hace más que mirar para afuera buscando responsables a la situación de falta de esperanza, pero, curiosamente, no hacemos el mínimo -hablo generalizando- con respecto a lo que se llama educación en global.
Lo que añade Santiago, con respecto a grandes ideas que salieron de un cobertizo o un garaje, me recuerda la manida costumbre de expresar y asimilar la idea de titulación=preparación o formación. El talento no se canaliza con una licenciatura, o se tiene previamente o no se tiene. Digamos que en la familia española se ha arraigado la costumbre de «licénciate y espera». Esto está cambiando, y son los propios jóvenes los que se dan cuenta a pesar de tener una generación de padres que han libado de la idea de que la licenciatura o la diplomatura implican el ideal de laboralidad y triunfo social.
No sé si ustedes estarán de acuerdo, pero el estudio o el enriquecimiento personal nunca deben terminar cuando te licencias, digamos que la titulación es la llave a más puertas, en caso contrario no tuvo sentido licenciarse.
Conozco -y ustedes seguro que también- ejemplos de lo anterior, pero me voy a parar en un conocido que se dedica a la investigación en Asturias. El tipo es un fenómeno mundial en investigación tumoral. El pobre pierde más tiempo fregando probetas al final de su jornada que estando con su familia. Su sueldo es un poco superior al de mileurista. Le gusta su tierra, le gusta investigar en su tierra, y seguro que espera que las cosas cambien en esta sociedad donde una advenediza que se queda preñada de un torero cuadruplica en un día de programa su sueldo de investigador precario (digo precario porque se nutre de partidas presupuestarias). Esto no lo cambian las instituciones por sí solas, algo hemos de hacer para que cambien si de verdad nos lo creemos, pero eso empieza dentro de la familia.
Saludos.