La realidad es tozuda y a pesar de que el PSOE trata de desviar la atención, a los españoles lo que les preocupa cada vez más el paro. El 81% de los ciudadanos lo citan como su primera preocupación, y no es para menos, ya que estamos en unas cifras siderales de paro, cerca de los 5 millones, con una tasa del 22%. Los datos concretos los conoceremos en cuestión de horas, cuando la EPA nos de un nuevo mazazo sobre la moral colectiva, ya que no sólo hablaremos de paro, sino de las familias que tienen todos sus miembros sin ocupación y en las que ni siquiera entra prestación alguna. A todas estas personas no se les puede hablar de macroeconomía, porque no entenderán la situación por la que pasan, sin esperanza, mientras un banco nacional gana más de 3.000 millones o un directivo de una Caja, el exalcalde socialista de León, se lleva 520.000 € del ala en una cuestionada prejubiulación, para dedicarse al Congreso de los Diputados, donde sumará otros cuantiosos ingresos.
Estas situaciones, los irracionales vídeos a los que aludía ayer, el rifirrafe de los partidos en medio de una crisis que mina la moral general, son los responsables de que los políticos aparezcan como el 3r gran problema de los españoles y los partidos e instituciones con una credibilidad cada vez menor. Son datos que se consolidan en cada estudio y que nos alertan de que no podemos seguir así. No sólo tenemos que resolver los problemas de carácter económico, sino que tenemos que afrontar una remodelación integral de nuestro modelo de gestión pública, de relación entre los políticos y los ciudadanos y entre los partidos entre sí. Esconder la cabeza debajo del ala y pensar que los datos que nos da el CIS reiteradamente son un divertimento estadístico, es volar sobre la realidad de lo que piensa la sociedad y eso es la quiebra del sistema de relación y un atraso muy importante en el desarrollo de nuestro sistema democrático.
Para que un país avance es necesario que la economía despunte, pero también es imprescindible un rearme moral y contar con referencias, con líderes que sean capaces de ilusionar… Y al igual que hay grandes referencias en el deporte o el ocio, hay que tratar de encontrar personas formadas que generen inquietud entre los colectivos, que arrastren y sean capaces de inyectar ilusión, orgullo de lo propio, ganas de afrontar grandes retos… La sociedad civil tiene cada vez más protagonismo y es la garantía del futuro, pero la sociedad civil necesita una sociedad política de personas íntegras, preparadas y dispuestas a luchar por el bien común. Personas capaces de hacer entender que la ola de individualismo que nos invade tiene que dar paso a un consciente colectivo que se sienta unido, fuerte y con empuje para hacer y para exigir.
Suscribo punto por punto lo que hoy escribes MIreia porque está lleno de sentido común y porque interpreta lo que pensamos los ciudadanos de la calle.Hay que regenerar y renovar y dejar atrás el pasado.Sólo hay que mirara al pasado para aprender de él y corregir lo que tuvo de malo y los políticos y los partidos se niegan a hacerlo porque viven en su mundo,un mundo que no tiene nada que ver con la España real,la España del día a día a la que están pidiendo el voto. Los políticos de hoy no sólo no ilusionan sino que luchan por engañar cada vez más a la sociedad,por presentarse como los más prepotentes cuando demuestran cada día su ausencia de nivel intelectual y su falta de preparación social.Los líderes trabajan y se sacrifican y nuestros políticos se dedican a vivir en su burbuja a cuenta del presupuesto.Ahora le vamos a pagar del dinero de todos los españoles una millonada al Raquetas que se reirá de todo lo que está saliendo,sin que su partido tenga la decencia de haberle ya impuesto la renuncia a estar en la lista de León.Estas actuaciones son las que demuestran el poco respeto que los partidos tienen por los ciudadanos,por los sacrificios que tienen que hacer y por los problemas que cada día tienen que afrontar para poder atender los gastos de cada mes.Tu post de hoy es muy recomendable y deberías difundirlo dentro del partido popular porque aquí también hay mucha basura y mucha prepotencia que dañan a los ciudadanos.
Muy bueno el último párrafo, Mireia.
Estamos un poco faltos de ilusiones y de esperanzas, sobre todo los jóvenes y jóvenas (a este paso voy a poner sexo a todo lo que se menea… lo de género habíamos quedado en que era otra cosa).
En términos de la construcción (la del ladrillo, vamos) esto habría que plantearlo de la siguiente manera:
Derribemos este edificio socio-cultural español (ya sé que tenemos mucho gracejo y somos muy salaos) y cimentemos de nuevo. Lo del cimiento es muy importante para que luego no se sucedan defectos estructurales.
Hago un recesillo.
Estos días estoy escuchando y viendo las polémicas suscitadas por la Educación planteada por un partido y por otro. Incluso hay videos un poco… ¿chorrillas? Que vuelven a recordar la lucha de clases. No es que yo diga que no hay lucha de clases, lo que dudo es que haya lucha.
Bueno, a lo que iba. Todos esos debates se centran en hablar de la Educación y no de educación. Lo de las mayúsculas es lo institucional; la minúscula es para lo que se delega o se subcontrata. En este término de educación -esto es en familia, en cercanía, vamos- estamos más perdidos que un obseso en el chalet del dueño de Playboy.
(Ya se me acaba el párrafo y no veo lo que escribo, pero ustedes me entienden como hemos entendido el mensaje de Mireia). Saludos
Siguiendo con lo anteriormente perpetrado.
Mi generación -la de los 60s- tiene ciertos rasgos inherentes, a saber:
-Formados académicamente y todo lo contrario, estos últimos conforman mayoría. No como las actuales generaciones. Éramos los del plan del BUP y el COU.
-Vivimos la transición en edad infantil y adolescente como espectadores de los jóvenes y mayores, a los cuales contemplábamos su ansia de… ansia, sí.
-Este rasgo es definitorio, y no sólo de nuestra generación: Queríamos emanciparnos y hacíamos lo posible por hacerlo.
Creo que motivos hay y muy variados a la hora de justificar el ansia de irse de casa, pero creo que lo más generalizado era poder vivir la recién estrenada libertad con pleno conocimiento; esto era traducido a alejarse de la figura paterna. Los padres de ahora somos de otra manera, y no diré que mejores, pero lo curioso es que hemos confundido conceptos como el cariño, la disciplina y dar buena vida con la indolencia educacional.
Esto no puede cambiarlo ningún gobierno si la propia familia no asume que hemos perdido valores que no podemos exigir a la alta instancia: en familia no hay más alta instancia.
Luego, casi me olvido, citaré que antes una clase era un centro de formación en el que se acataba, normalmente, la norma y la disciplina. Ahora, con los padres actuales, el nene tiene razón aunque no la lleve.
El día que aprendamos, en casa, que una clase no puede obedecer a una estructura democrática, ese día habremos dado un gran paso. En una clase con educandos en ciernes de adquirir madureces, la democracia es el gobierno de la multitud o, mejor dicho, la ley de la selva. Esto es por la aquiescencia del padre, el victimismo del profesor(que sí, que los hay que se agarran a que no se puede hacer labor) y las instituciones que no ponen los puntos sobre las íes. En una clase hay un dictador que ordena y manda sabiendo que el alumno tiene ciertos derechos, pero muchas más obligaciones de cuyo cumplimiento sacará más partido por cumplirlas. Pero no, aquí cuando hablamos de «democracia» o «dictadura» surgen efectos colaterales con reminiscencias de antaño marras.
La diferencia global entre esta juventud y la nuestra (les incluyo a todos ustedes) es que nosotros teníamos todo por ganar, pero con ilusión; los de hoy tienen todo perdido. En esto último nos parecemos: tendrán que ganar todo, pero se les ve sin aquella ilusión.
OK Mireia!!! Se puede decir mas alto pero no mas claro…..