¡Así, sí!

No cabe ninguna duda que ayer Rajoy y Rubalcaba estuvieron a la altura de las circunstancias en su primer encuentro desde las elecciones generales. Jamás el Presidente del Gobierno y el líder de la oposición se habían sentado a hablar cara a cara durante cuatro horas, para poner las cartas boca arriba sobre la situación actual. Del encuentro sale la vocación decidida de colaborar y trabajar juntos, desde la lógica discrepancia y tarea de control de la oposición, para salir de esta crisis.

Este encuentro tenía la peculiaridad de que estaba protagonizado por dos “zorros” de la política, dos experimentados gobernantes que se conocen muy bien y entre los que cabe suponer que no hay estrategias a la hora de una conversación frente a frente. Ambos saben, uno porque es parte de la causa y el otro porque es quien gobierna, que la situación del país no da para juegos y que estamos en un momento crítico que exige medidas sin demora.

El hecho de que Rubalcaba hablara al término de la reunión como un encuentro “honesto y sincero”, denota que hubo sintonía en el análisis de los problemas y de las consecuencias si no se atajan, y abre una puerta a la esperanza de que nos disponemos a vivir un tiempo de política muy difícil, pero también muy pegada al terreno, que debe permitir encontrar cauces de diálogo y colaboración que, estoy segura, serían muy bien vistos por unos ciudadanos que hartos de peleas partidistas, mientras la sangría del paro no se detiene y el deterioro de la economía se siente imparable. Ambos han coincido que hacen falta reformas estructurales y que hay que desbloquear la situación en organismos que viven el colapso político por la incapacidad de los partidos mayoritarios de sentarse a dialogar. Es muy positivo que se hayan dado de plazo hasta junio para desbloquear la renovación del Constitucional, del Tribunal de Cuentas, de RTVE y de el Defensor del Pueblo. Pero no hay que dejarse engañar, porque donde hay que redoblar esfuerzos es en los grandes asuntos que atañen a la economía, a la creación de puestos de trabajo, a la competitividad y a la reforma financiera. Estos asuntos son el nudo central de los problemas de España y son en los que tienen que centrar sus esfuerzos los responsables políticos.

Ambos partidos demostraron ayer que quieren alcanzar acuerdos, pero también con un buen clima de diálogo pusieron de manifiesto sus discrepancias. Hay vías democráticas para encauzarlas y desde luego sería un grave error que la estrategia socialista se centrara en apoyar a unos sindicatos cada vez más desnortados y que se han trazado la estrategia de llevar la conflictividad social en la calle. La posición que el PSOE adopte ante estas consignas, será determinante para calibrar el grado de sinceridad de Rubalcaba en la reunión de ayer.

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