Ayudar a Egipto a salir adelante.

Otra vez la Plaza Tahir ha sido el gran referente informativo mundial del fin de semana. Desde hace 5 días miles de egipcios acampan en lo que ya se ha convertido en santo y seña de la llegada de la democracia a Egipto después de 30 años de dictadura de Hosnik Mubarak, que agoniza en un hospital en El Cairo. La gran noticia saltaba ayer a primera hora de la tarde, cuando se daba a conocer oficialmente que el candidato de los Hermanos Mulsulmanes, Mohamed Morsi, había sido elegido el nuevo presidente del país. El resultado se ha hecho esperar, pero a la vista de la explosión de júbilo de los miles de seguidores congregados en Tahir, una tiene la sensación de que algo se ha movido en el mundo de los países mulsulmanes.

Dos partidos, dos planteamientos inciertos, uno militar y otro islamista. Muchos interrogantes. Demasiados, porque nadie quiere aventurar cómo reaccionará la Junta Militar que ha hecho la transición con mano férrea y que ha recortado, gracias a una artimaña constitucional, bastantes poderes al nuevo presidente. Lo que es cierto es que el momento de la verdad ha llegado y es la hora del diálogo, de acercar posturas y, de alguna manera, de repartirse el poder. O más que el poder, la responsabilidad de reconstruir un país muy tocado y que sale muy devilitado de todo este proceso.

A muchos no gusta que el poder haya sido otorgado a un islamista, aunque todo parece indicar que es un islamismo moderado, demócrata, preparado a lo largo de años de dictadura para abrir la sociedad. Ha llegado el momento de la verdad y el mundo está mirando con lupa. Pero esa mirada no debe ser la de los halcones políticos que planean sobre lo que pasa como meros observadores, decidiéndose a actuar sólo en función de intereses económicos o geoestratégicos.
Lo que ha pasado en Egipto demuestra que la ilusión de un pueblo, el ansia de libertad tiene mucha fuerza y no puede ser silenciada y aplastada. Por eso el mundo occidental, el mundo que se dice moderno y desarrollado tiene que implicarse, que arrimar el hombro y ayudar a Egipto a salir adelante. Hacerlo es calmar la zona caliente del planeta, es sentar las bases de una nueva cooperación internacional y ayudar a superar una faceta más de la crisis. Veremos poco a poco cómo se mueve la diplomacia internacional y si está dispuesta a echar una mano y no sólo se dedica a estar pendiente de qué es lo que puede pasar en torno al canal de Suez.

1 comentario

  1. Los islamistas son de poco fiar y suelen doblegarse siempre a los más extremistas que interpretan el Corán de forma muy restrictiva y con unos agravios importantes.La guerra santa siempre estará latente en la cabeza de los islamistas radicales y los hermanos mulsulmanes tienen que vigilar que no se les infiltren.El mundo islámico es una fuente de inestabilidad para el mundo y su zona,por estratégica,siempre será sometida a complejos acuerdos y equilibrios políticos.No creo que el mundo desarrollado cambie la trayectoria que hasta ahora han tenido y por eso todo lo que está sucediendo en El Cairo es un misterio de que consecuencias podrá tener para el futuro.

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