Apenas dos meses lleva el PP en el Gobierno de la nación y sus reformas son más numerosas y profundas que las que realizó el PSOE en casi ocho años de mandato. Si algunas de estas medidas, no en su literalidad pero sí en su espíritu, se hubieran tomado durante el mandato socialista la situación de España sería muy diferente. Francia o Alemania lo hicieron y ahí están los resultados… La crisis es para todos, pero sólo salen de ella quienes tienen valentía, quienes toman decisiones, quienes arriesgan en sus mandatos y no esperan a que escampe con un sistemática huida hacia adelante.
Puede que el Gobierno se equivoque en sus medidas económicas y laborales, lo que está por ver, pero demuestra arrojo, valentía y ganas de cambiar las cosas. Ya sabemos a dónde nos lleva la política cortoplacista y buenista de no hacer nada, a más de cinco millones de parados y a un sistema financiero tieso. Hay que actuar y el Gobierno lo hace. Por eso llama especialmente la atención la movilización general que están haciendo los sindicatos, porque después de ocho años quietos, domesticados por el poder, siendo habituales de la Moncloa, ahora se lanzan a la calle en cuanto el que manda no es de su sintonía política.
Esta hipocresía y falta de responsabilidad es la que destroza su imagen y la que hace que seamos no miles, sino millones de españoles los que nos podamos cuestionar la eficacia de los mismos. Los representantes de los trabajadores son imprescindibles en una sociedad moderna y desarrollada, son una pieza esencial de control para evitar desmanes, que se producen, y son interlocutores claves con la sociedad a cuyo interés deben de servir. Lo que no puede ser es que se muevan por ideología política o porque se le acaben las prebendas, y es que Zapatero y su Gobierno se han dedicado durante años a inyectar ingentes cantidades de dinero a estas organizaciones que se han acabado por convertir en grandes lobbys, dejando a un lado la función social que deberían tener. ¿Alguien me puede explicar cómo es posible que con con el paro galopante que hay en el país, los sindicatos no hayan tomado la calle para protestar enérgicamente y por el contrario se hayan dedicado a poner paños calientes?… ¿Dónde está la defensa de los trabajadores con presiones al Gobierno para que tomara medidas y evitara la sangría laboral que se ha producido?… Ocho años quietos, sin decir nada, sin denunciar la parálisis gubernativa, sin denunciar que las cosas no podían seguir así, sin mirar de frente a una sociedad cada vez más harta de sus proclamas. Me pregunto si mañana podrán mirar a sus hijos a la cara sabiéndose responsables de maniobras partidistas sin pensar en el bien común y frenando el futuro del país.
Han bastado 50 días del PP en el poder para que se hayan quitado la careta y hayan dejado al descubierto su filosofía, sus objetivos y sus impresentables condicionamientos políticos. Podían haber tenido al menos la prudencia de esperar un tiempo, para ver si las reformas daban resultados. Pero no, mejor era cercar ya al PP cuanto antes y para que nada falte, ahí esta la izquierda radical capitalizando las protestas estudiantiles para calentar la primavera popular. Así de irresponsables y así de cobardes, porque durante ocho años han estado agazapados amparando las políticas que hoy son responsables de la mala situación de España.
Esta va a ser la tónica general del mandato del PP así que deben de prepararse para que se radicalicen más las cosas.La izquierda controla la calle con gran maestria y a la hora de agitarla son unos expertos.No consiguen que la mayoría de los ciudadanos les respalden pero si van a lograr dar la imagen de un país en crisis permanente,agitado y próximo a lo que pasa en Grecia.Pedirle a la izquierda patriotismo es absurdo,porque la izquierda es excluyente y Zapatero ya lo dijo,que el que no estaba de acuerdo con lo que él decia era un antipatriota y para él eso lo somos todo los que pensábamos que España tenía una gran crisis.No estoy de acuerdo en que no se atrevan a mirar a los ojos a sus hijos porque nunca han tenido complejos ni vergüenza.