Mientras en España avanzamos hacia la jornada electoral del domingo, en Europa asistimos a un fenómeno preocupante. En Grecia o en Italia, antes en Irlanda o Portugal; se han producido cambios en sus gobiernos sin que hayan decidido las urnas. Es más, la crisis económica ha hecho saltar por los aires a la norma de oro de la democracia, que es la elección de los gobernantes por mandato popular. La crisis económica ha irrumpido “como elefante en cacharrería” y se ha cargado de golpe y plumazo una de las principales reglas de la democracia. Sí, todo está dentro del marco de la legalidad, puesto que se han seguido los mecanismos previstos para situaciones de emergencia; pero también es cierto que una revolución de los mercados no parece ser tributo de esas excepciones, porque estaremos sentando un precedente que dará la clave de cómo “cargarse” a cualquier mandatario de un país, por mucha que sea su categoría, y además con la complacencia de los aliados internacionales.
Es verdad que estamos en un tiempo nuevo, imprevisible e impredecible. Un tiempo que no sabemos a dónde nos lleva y que de momento tiene como consecuencia la caída paulatina de primeros ministros. Lo que es más preocupante, es que los cambios que se han producido no acaban por dar estabilidad a los mercados y la prueba más evidente es que han caído los gobiernos de Grecia y en Italia, donde se han marchado Papandreu y nada más y nada menos que Berlusconi,… y no ha servido para traer la calma. Se mantiene la grave situación del record histórico de la prima de riesgo que alcanzó ayer España, el mayor desde que existe el euro, o se mantiene la situación de Italia, que tiene su prima de riesgo por encima de los 500 puntos.
La bolsa, que no es un indicador económico en sí, pero que muestra los síntomas de la salud financiera de las empresas, vuelve a desmoronarse con lo que la situación de incertidumbre general se convierte en el gran enemigo de la recuperación. Sin estabilidad en los mercados no será nada fácil encontrar una salida inmediata. De ahí que la confianza sea una de las claves de futuro y que de cara a las elecciones del domingo, lo que necesita España es que las urnas dictaminen un Gobierno fuerte, con respaldo suficiente y sin hipotecas que pagar, que permita enviar a todos los sectores sociales el mensaje de la firmeza… Un gobierno que actúe con prudencia, con capacidad de diálogo y con la generosidad para saber que ahora es importante escuchar a todos y tomar decisiones que no pueden esperar un solo día más.
Yo estoy segura de que si no hubiera elecciones en España ahora Zapatero también hubiera sido forzado a dimitir.La democracia prevé sus mecanismos para los recambios y las causas son muy diversas,tanto de gestión como personales.Los mercados son ahora los que imponen las reglas de funcionamiento de la sociedad y su poder es tanto que llegan a condicionar a los gobiernos. Más nos vale irnos acostumbrando a las nuevas reglas,que son también impuestas por los políticos a quienes les va bien la cosa.El caso Berlusconi es pintoresco porque se ha cargado la situación a un personaje nefasto pero que esra el que quería la mayoría de los italianos.Si las urnas tienen la razón Berlusconi deberia seguir siendo el primer ministro italiano y sin embargo todos estamos felices de que se haya ido.Es una contradicción a conveniencia.
Estaba sumergiéndome en cosas positivas y en optimismos varios y me encuentro con un libro de Punset que me está gustando por eso, porque parece un hálito fresco.
Copio y pego un pequeño manifiesto del señor Punset alque, por cierto, le intuyo una bonhomía que ya se va echando en falta en estos mundos.
-No es cierto que exista una crisis económica planetaria, lo que existe es una crisis específica de países específicos.
-La esperanza de vida aumenta 2,5 años cada década. Por primera vez aprendemos que hay vida antes de la muerte y que cualquier tiempo pasado fue peor.
-La educación y la medicina avanzan hacia la personalización, y nos obligan a engendrar un nuevo modelo social. La prevención será más importante que la curación.
-Un gran descubrimiento: el aprendizaje social y emocional. Por primera vez en la historia de la evolución empezamos a conocer y gestionar las emociones. Y sabemos que es tan importante aprender como desaprender.
-Las redes sociales son lo que nos hace distintos del resto de animales. El origen de la interconexión actual está en las rutas de la Seda y del Incienso. Gracias a la revolución digital ahora la comunicación puede ser instantánea y universal.
-Tras los avances de las ciencias de la mente, hoy conocemos la importancia del inconsciente con relación al pensamiento racional. Por primera vez constatamos que podemos confiar en la intuición.
-Nunca habíamos sabido tanto sobre la naturaleza de la felicidad. Eso es lo esencial: la felicidad se encuentra en la sala de espera de la felicidad.
-Otro de nuestros quebraderos de cabeza seculares: la belleza. Sabemos que la belleza es ausencia de dolor, o sea, la que refleja un rostro con un nivel de fluctuaciones asimétricas inferior al normal.
-Evolutivamente, en tiempo de crisis, la manada se vuelve hacia los jóvenes para que ejerzan su liderazgo. Es pues, la hora de los jóvenes. No pueden defraudar.
-Hace unos años estábamos convencidos de que la visión del universo correspondía a la realidad. Luego descubrimos que esa visión dependía del marco y de las emociones. Ahora sabemos que es el resultado de un modelo matemático: la incertidumbre envuelve a nuestro universo.
«Hay vida antes de la muerte «. Esta frase, según el libro, la leyó Punset en el metro de Nueva York (creo). Eso fue en los años sesenta, y la destaca mucho en su libro.
Hay mucho interés en que pensemos negativamente en el futuro y en inundarnos de pesimismo.
En estos momentos es cuando hay que reflexionar sobre la esencia de la vida.
Ya, ya sé que es fácil decirlo si el argumento no va adornado.
Hablemos pues de esta pesada crisis.
Pongamos como ejemplo a un nativo de Sudán. Su preocupación inmediata es conseguir agua y alimento. En su contexto, la crisis -como nosotros entendemos la actual- es un lujo o una panacea o un «ya quisiera yo estar en una crisis como la de Europa».
Nosotros nos quejamos de nuestra sanidad o de la posibilidad de perderla tal y como está montada actualmente, y esto se lo achacamos a la crisis.
El nativo de Sudán se da de tortas por poder frenar una diarrea o un cuadro de fiebre con un simple medicamento que aquí nos cuesta muy poco conseguir.
A lo mejor estamos hablando de crisis entendida como perder lo ganado, y esto es lo didáctico y terapéutico de esta crisis: a lo mejor nos permite reencontrarnos con la esencia perdida.
Se ha demostrado que la capacidad de consumo sólo es una espiral sin fin; no es un parámetro válido para medir felicidad.
Aprenderemos a valorar lo que la vida nos da gratis y que antes, con la soberbia de la supuesta calidad de vida, nos pasaba completamente inadvertido.
Aprenderemos que la máxima manifestación de poder es la bondad, pero, sobre todo, sabremos que el talento de las personas ha de llegar a la sublimación cuando se demuestre lo global de un determinado logro. Por poner un ejemplo a esto último:
Tras años de investigación y de arduo trabajo hemos llegado a conseguir una vacuna definitiva contra el cáncer. Un inteligentísimo dirigente de una empresa farmacéutica compra la patente y la oculta (esto no es ciencia ficción, conste). La oculta porque es muy hábil y su formación para los negocios le llevan este tipo de actos donde lo más importante es que su empresa siga dando beneficios. Para ello se centrará en seguir vendiendo medicamentos paliativos, que son lo que más dinero reporta a su querida empresa.
El ejemplo, que puede hacerse extensivo al campo de la industria en general, pone a las claras que este mundo está regido para el beneficio de unos pocos a pesar del sufrimiento de muchos, y, esto es lo gordo del tema, con el sufrimiento se obtiene beneficio.
¿Es esto inteligente? Puede que sí, pero para dejar claro lo que quiero decir habría que añadir que eso no es un estilo de vida inteligente ya que todo lo preside un desequilibrio para el que nadie ha nacido. Quizá estoy hablando de antinaturalidad o de deshumanización. A este dirigente farmacéutico habría que decirle ¿Qué es más grande: hacer un beneficio para la humanidad o hacérselo solo a tu empresa farmacéutica?
Allá cada uno con su conciencia, pero estoy seguro que en algún momento, este tipo de tiburón de los negocios, entrará en dilemas.
Saludos
«Hay vida antes de la muerte «. Esta frase, según el libro, la leyó Punset en un graffiti del metro de Nueva York (creo). Eso fue en los años sesenta, y la destaca mucho en su libro.
Hay mucho interés en que pensemos negativamente en el futuro y en inundarnos de pesimismo.
En estos momentos es cuando hay que reflexionar sobre la esencia de la vida.
Ya, ya sé que es fácil decirlo si el argumento no va adornado.
Hablemos pues de esta pesada crisis.
Pongamos como ejemplo a un nativo de Sudán. Su preocupación inmediata es conseguir agua y alimento. En su contexto, la crisis -como nosotros entendemos la actual- es un lujo o una panacea o un «ya quisiera yo estar en una crisis como la de Europa».
Nosotros nos quejamos de nuestra sanidad o de la posibilidad de perderla tal y como está montada actualmente, y esto se lo achacamos a la crisis.
El nativo de Sudán se da de tortas por poder frenar una diarrea o un cuadro de fiebre con un simple medicamento que aquí nos cuesta muy poco conseguir.
A lo mejor estamos hablando de crisis entendida como perder lo ganado, y esto es lo didáctico y terapéutico de esta crisis: a lo mejor nos permite reencontrarnos con la esencia perdida.
Se ha demostrado que la capacidad de consumo sólo es una espiral sin fin; no es un parámetro válido para medir felicidad.
Aprenderemos a valorar lo que la vida nos da gratis y que antes, con la soberbia de la supuesta calidad de vida, nos pasaba completamente inadvertido.
Aprenderemos que la máxima manifestación de poder es la bondad, pero, sobre todo, sabremos que el talento de las personas ha de llegar a la sublimación cuando se demuestre lo global de un determinado logro. Por poner un ejemplo a esto último:
Tras años de investigación y de arduo trabajo hemos llegado a conseguir una vacuna definitiva contra el cáncer. Un inteligentísimo dirigente de una empresa farmacéutica compra la patente y la oculta (esto no es ciencia ficción, conste). La oculta porque es muy hábil y su formación para los negocios le llevan este tipo de actos donde lo más importante es que su empresa siga dando beneficios. Para ello se centrará en seguir vendiendo medicamentos paliativos, que son lo que más dinero reporta a su querida empresa.
El ejemplo, que puede hacerse extensivo al campo de la industria en general, pone a las claras que este mundo está regido para el beneficio de unos pocos a pesar del sufrimiento de muchos, y, esto es lo gordo del tema, con el sufrimiento se obtiene beneficio.
¿Es esto inteligente? Puede que sí, pero para dejar claro lo que quiero decir habría que añadir que eso no es un estilo de vida inteligente ya que todo lo preside un desequilibrio para el que nadie ha nacido. Quizá estoy hablando de antinaturalidad o de deshumanización. A este dirigente farmacéutico habría que decirle ¿Qué es más grande: hacer un beneficio para la humanidad o hacérselo solo a tu empresa farmacéutica?
Allá cada uno con su conciencia, pero estoy seguro que en algún momento, este tipo de tiburón de los negocios, entrará en dilemas.
Saludos