¿Estamos locos o qué…?

No hay causa que justifique la barbarie y la exhibición pública, como se ha hecho estos días en Libia del cadáver de Gadafi. Hasta el dictador más bestia o el asesino en serie más execrable tiene su dignidad y nada justifica humillaciones como las que hemos podido ver. Una horda de rebeldes libios vapuleando a un despojo humano que pedía clemencia, golpes, insultos, hasta sodomizaciones al dictador circulan por la red. Todo para que al final una bala se escapara, da igual que se escapara realmente o no, y su cadáver quedara expuesto en la improvisada morgue de una cámara frigorífica, por la que discurren miles de libios agraviados que contemplan con satisfacción los restos mortales del sanguinario dictador.
No seré yo quien defienda las dictaduras, ni los métodos chantajistas, sectarios y humillantes que Muamar Gadafi ha utilizado con su pueblo, al que ha empobrecido, marginado y al que ha inflingido sangrientas matanzas que han acabado en una guerra interior de imprevisibles consecuencias. Hablamos de Libia, un país con reservas estratégicas de hidrocarburos, con constante coqueteo con occidente y con recursos que pueden hacer que la vida en sus tierras sea relativamente cómoda.
Llegó la era post-Gadafi. Tras la declaración del Consejo Nacional de la Transición del fin de la guerra es una incógnita, como también lo es la apertura a un nuevo tiempo, que según el presidente del Consejo, Mustafa Abdel Yalil, dará lugar a un nuevo estado único, nacional.
La revolución en Libia fue un episodio más de la caída de las fichas de dominó en oriente. Comenzó como una revolución pacífica que se fue endureciendo y envileciendo con la resistencia de Gadafi y la utilización de los sanguinarios métodos contra los rebeldes. La OTAN ha realizado allí una parte fundamental del trabajo que ha dado lugar a la caída del dictador y sería un gravísimo error dar por terminada allí la misión. Un país nuevo no puede nacer sobre las cenizas del odio y de la venganza, y lo que hemos visto y estamos viendo con su cuerpo no da pie a nada bueno. La revolución para acabar con una dictadura corre el riesgo de llevar a otra; al menos a ello apunta la imposición por el Consejo Nacional de la “sharia”, la ley islámica, y la abolición de todo lo que pudiera contradecirla. Ni que decir tiene que el riesgo es gravísimo, porque la islamización controlada por grupos radicales, acabará por someter a la población, cerrar el país y meterlo en una burbuja cuya yihad es occidente. Libia tiene reservas estratégicas y también eso hace prever que el mundo occidental vigilará con lupa el proceso de transición que debe llegar tras Gadafi. Para ello es imprescindible que se acabe la grotesca ceremonia de exhibición del cadáver del dictador, se investiguen las causas de su muerte y se entregue el cuerpo a la familia, para que puedan darle sepultura. Un país que quiere dejar atrás el pasado no puede cimentar el futuro sobre la base del odio, ni dejarse dirigir por extremistas fanáticos que se aprovechan de la pobreza y de la incultura para sembrar su dañina semilla. Si se acaba de una vez con las revueltas y se logra poner un poco de unidad y cordura, se dará estabilidad no sólo a un país, sino a una de las zonas más calientes del planeta, que por sus reservas energéticas termina por tener «pillados» al resto del mundo.

1 comentario

  1. El peligro que tu ves es el que vemos muchos ciudadanos,que entendemos que el islamismo radical es un cáncer que hay que intentar extirpar.Los nuevos señores de Libia al hablar de la implantación de la ley islámica ya hicieron mención a la implantación de la poligamia, aunque es verdad que luego matizaron. El peligro de que los islamistas dominen otro país esta muy claro y occidente no puede quedarse quieto esperando a que ellos se lo resuelvan. Son,como bien recoges,un pueblo con productos energéticos y eso es una bomba porque les da poder y dinero para rearmarse frente al poder de los gobiernos establecidos y los islamistas suelen ver enemigos en todos los que no piensan como ellos.De acuerdo en que todo ha sido una locura y que no hay derecho a hacer con el cuerpo de Gadafi lo que han venido haciendo sin piedad,con un odio intenso y con una insaciable sed de venganza.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *