Los datos que revela la encuesta de condiciones de vida que dio a conocer a finales de la pasada semana el Instituto Nacional de Estadística son realmente preocupantes. España es un país donde el 20,1% de la población vive en el umbral de la pobreza, con un significativo incremento sobre el 2009. Es la consecuencia inmediata de los menores ingresos para muchas familias, debido a que acumulamos una terrible cifra de paro, muy cercana a los 5 millones. El problema no es sólo que haya familias que lo pasen muy mal, con muy pocos recursos para poder salir adelante, es que además los más afectados son los colectivos de menor edad, lo que significa una frustración tremenda de nuestros jóvenes, que son quienes tienen que asegurar el imprescindible relevo generacional.
Cáritas en los sucesivos informes de este año, viene alertando que ya no da para más y que se las ve y se las desea para asistir las necesidades que los ciudadanos con problemas le requieren. No es sólo alimentación en los casos de extrema necesidad, Cáritas trata de ayudar a afrontar a muchas familias el pago de la luz, incluso de la vivienda en algunos casos para evitar desaucios. Es una labor social que hay que añadir a los sistemas de protección de carácter público y que demuestra que lo que está sucediendo en España, es algo que trasciende mucho más allá de las acusaciones que se lanzan en la lucha partidaria, y que obliga a arrimar a todos el hombro. Está ya aquí esa situación de “sangre, sudor y lágrimas” de la que tanto se habla y que debemos asumir que tendremos que afrontar durante algún tiempo, porque la realidad es que las cosas están bastante mal.
Mariano Rajoy ofreció apoyo al Gobierno para que plantase cara a las voces que pedían para España una quita del 20% a la deuda española, lo que tendría unas funestas consecuencias sobre nuestra economía. Sorprendió la airada respuesta de toda una vicepresidenta del Gobierno, despreciando la ayuda de Rajoy y llevando la situación a la lucha partidaria. Hace unos días Rubalcaba anunciaba como una estrella de su programa, la supresión de determinados supuestos privilegios a la Iglesia Católica, sin reparar en el trabajo social que ésta realiza, y mucho más ahora, en un momento en el que al país le resulta imprescindible.
Datos como la encuesta de condiciones de vida, nos obligan a pensar en si en política todo vale, si es legítimo que en este momento se pueda despreciar todo lo que suma, para estimular los intereses estrictamente electorales. Se puede decir que el PP ha hecho política de oposición dura en plena crisis, y seguramente es verdad. Pero otra verdad mayor es que el Gobierno jamás ha querido asumir un sólo planteamiento propuesto por el PP, al que ha querido tender y no ha podido, el ya famoso “cinturón sanitario”.
Madurar es acometer las cosas en cada momento, no mirar atrás, dejar el rencor en el pasado y mirar siempre al futuro. Hacerlo demuestra grandeza, sentido común y capacidad de liderazgo. Nada de eso hemos vivido estos años y el PP debe tomar muy buena nota, porque todo parece indicar que asumirá un país que tendrá que sumar mucho para salir adelante.
Estos si que son datos sobre lo que está pasando en España y esta si que es la preocupación general de la gran mayoria de los españoles,porque es la realidad que vivimos y no la cortina de humo que ha supuesto durante unos pocos días la mascarada de ETA,que ha sido la campaña más activa en favor de los candidatos de Bildu y los proetarras.Hacen falta en España grandes cambios que son los que podrán permitir que se pueda acabar con la pobreza que se está instalando en el tejido social y de esta forma poder acabar con el drama de tantas familias que ya son incapaces de llegar a final de mes.Las propuestas de Alfredo Pérez Rubalcaba contra la Iglesia Católica no son más que un intento de agitar a las sotanas para que los anticlericales se movilicen a favor del PSOE,porque es una etapa más del intento de conectar con los extremistas que está realizando el candidato socialista para conseguir acumular los votos que le niegan los votantes más moderados.