No está España para huelgas. No lo está. Es una temeridad intentar capitalizar el descontento social por las medidas anticrisis para lavar la imagen de unos sindicatos cada vez más desprestigiados. España no está para perder ni una sola hora de trabajo, ni un sólo euro de salario de quienes tienen la fortuna de poder tenerlo. Sin embargo los sindicatos y una rancia izquierda que tenemos instalada en la política española, consideran que todo es bueno para erosionar la imagen del Gobierno. La connivencia de los sindicatos con los partidos de la izquierda, especialmente con el PSOE, se pone de manifiesto en la beligerancia que mantienen con el PP mientras todo fueron paños calientes en la etapa Zapatero, que fue la que de una forma definitiva instaló la crisis en España.
No hay ambiente de huelga. La noticia ni siquiera estaba ayer en la home de algunos de los principales periódicos españoles. Habrá una férrea lucha por controlar los datos en las primeras horas del día para dar idea de que el país se para. Yo me pregunto, ¿se quiere demostrar el descontento social por las duras medidas del Gobierno? Porque si ese es el objetivo, basta salir a la calle y comprobar cómo las manifestaciones están a la orden del día en cualquier ciudad española y en especial en Madrid, caja de resonancia especial de todo lo que allí acontece.
No está el momento para parar la maquinaria productiva de un país. Supone miles de millones en pérdidas y supone un golpe vital en la imagen exterior de España. ¿Qué se quiere? ¿Confundir a la sociedad para decir que España es Grecia?… Pues flaco favor y nulo patriotismo tienen quienes así piensan, porque aquí las cosas son muy diferentes y para nada se pueden comparar las situaciones de los dos países.
Una cosa está clara: a España la sacaremos adelante si todos sumamos, si nos esforzamos en sacrificarnos y trabajar los que tenemos la suerte de poder hacerlo. Lo que España necesita es unir las manos, luchar todos a una y estar cada uno comprometido con su responsabilidad. Si de lo que se trata es de mover el sillón a unos, de mantener el estatus de otros y de pescar en el río revuelto, estaremos abocando al país a la ruina. ¡Claro que los sindicatos son necesarios! Pero sindicatos de verdad, comprometidos con los trabajadores y con el país en el que trabajan. Sindicatos serios, rigurosos, modernos, capaces de entender que de la nostalgia no se vive y que no pueden ser un lobby de presión al que hay que seguir alimentando con el dinero público. Si un día se acaban las ayudas, los sindicatos en España pasarán a ser una simple anécdota y lamentablemente a ello los están llevando unos líderes antiguos que son incapaces de entender lo que es una sociedad moderna. O sí lo entienden, pero no lo aceptan, porque tal vez se dan cuenta de que sus liderazgos no tienen encaje en ella.
En el ejercicio de su libertad, cada cual puede decidir si secunda o no la huelga. Un país libre es aquel en el que se puede ejercer el derecho al trabajo y al de huelga. Veremos si los piquetes renuncian a la violencia verbal, a la silicona y a las amenazas. La libertad para ellos es otra cosa…