Un mundo que se nos va de las manos.

Hay cosas que no entran en la cabeza, aunque desgraciadamente tengamos que convivir con ellas. Situaciones que nos encogen el alma y que nos hacen preguntarnos el sentido de muchas acciones de la vida. La respuesta es el vacío, la nada. Es imposible entender qué pasa por la cabeza de un sádico asesino que dispara contra niños en una escuela y es capaz de grabar la secuencia. Es para preguntarse por una sociedad que es capaz de “fabricar” estos monstruos, porque son personajes que desgraciadamente aparecen cada cierto tiempo y nos recuerdan que algo no estamos haciendo bien.
La violencia engendra violencia y vivimos en un mundo extraordinariamente violento, donde el individualismo se acentúa cada vez más y donde los extremismos se dan la mano y se hacen igual de feroces y rechazables. Raro es el día que no descubrimos la noticia de algún atentado salvaje, un robo importante o un asesinato violento en una reyerta. A todo ello unimos la fuerza de un medio como la televisión, donde gran parte de su ficción es de contenido violento que no respeta ni horarios, ni días de la semana. Esa violencia-ficción es en muchas ocasiones la distracción de los grandes problemas del día a día y es evidente que ése no es el método, ni la solución.
Ayer Francia vivió un duelo que recientemente vivieron los noruegos y que hemos vivido otros muchos países en su momento. Son heridas que se abren en una sociedad que necesita recapacitar, hay que dar un giro importante a lo que es importante y a lo que no lo es. Debemos pensar seriamente en recuperar valores perdidos, palabras de apoyo y de ayuda, fomento de los mecanismos de solidaridad. Nos hemos hecho tan insensibles, que ni siquiera las imágenes de la indigencia y miseria de millones de seres son ya capaces de mover conciencias.
No quiero ser pesimista, pero si no cambiamos, si no empezamos a valorar otras cosas que no sean el éxito, la competencia o la riqueza, estaremos entrando en una espiral que ya está en marcha y que lleva a una depresión colectiva que dañará irreparablemente nuestro mundo. La luz roja lleva encendida mucho tiempo, somos nosotros, la sociedad civil, la que tenemos que captarla e intentar apagarla.   

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1 comentario

  1. Sólo si somos capaces de educar en valores y empezamos a hacer valer que es esfuerzo forja el carácter y ayuda a valorar las cosas se puede enderezar una situación que está tan mal que nos lleva a una crisis general y no sólo de carácter económico.Tu post de hoy está muy bien Mireia porque es una llamada a todo el mundo,porque no es sólo cosa de los políoticos sino de toda la sociedad que debe ser capaz de dar a luz a un mundo nuevo donde se logre evitar l pesimismo,la miseria y la violencia que tanto daño hace a todos.Un diez para ti por tu acertada visión y ponerla aquí sin temor a que pudan tacharte de fatalista.Mi enhorabuena.

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