Sabor romero.

Cuando leáis esto, la Blanca Paloma habrá recorrido ya las calles de Almonte, después de que esta pasada madrugada, antes de que saliera el sol, se hubiera cumplido el tradicional rito del salto de verja y la Virgen del Rocío haya comenzado su anual procesión.

No puedo ocultar mi curiosidad por la Romería del Lunes de Pentecostés más famosa del mundo, la de la Virgen del Rocío. Miles de rocieros se dan cita desde el sábado en Almonte y en la aldea del Rocío para rezar, estar con los amigos, cumplir con la tradición, divertirse, montar a caballo, adecentar las carretas o preparar el más lujoso y hermoso Simpecado. Caminan, cantan, cruzan el río, sufren los rigores del calor, del polvo del camino y disfrutan, disfrutan mucho… Son más de 100 las hermandades que han llegado este año hasta la aldea con la crisis a cuestas, pero con el mensaje de ilusión y de alegría de siempre. Se ofrecen a la Virgen más de 30.000 velas de cera como ofrendas cada uno de estos días y son muchísimos los ojos llorosos que nos han mostrado las imágenes de televisión.

El Rocío tiene su propio camino: atravesar la marisma, el Parque de Doñana, convivir con la naturaleza a la búsqueda del propio yo… Para nosotros, más habituados a ese otro camino más intimista, menos caluroso y más austero que es el Camino de Santiago, puede que el camino rociero nos resulte más folklórico, más cercano a la diversión que a la reflexión, pero cada cosa tiene lo suyo. Los andaluces rezan a su manera, sienten a su manera, viven a su manera. Nosotros lo hacemos de otra forma, es la riqueza de la diversidad de España, que es capaz de sorprendernos siempre y demostrarnos que aquí las cosas no se hacen porque sí, sino que vienen de lo más profundo del pueblo y se transmiten de generación en generación.

Hoy es fiesta local en muchísimos puntos de España. Es la romería de Pentencostés, un buen momento para encontrarnos con el pueblo, con los caminos. Hoy es día de encuentro entre paisanos, de mirar atrás y degustar productos tradicionales. El Rocío puede ser la expresión más grande y más popular de la fiesta, pero desde luego no es la única. Estamos tan necesitados de momentos de ocio y diversión que las romerías están cada año más repletas de gente. Y no es para menos, porque es unir tradición, sabor popular, el terruño, los buenos amigos y una buena dosis de optimismo, eso que ya se cotiza como un valor cada día más difícil de alcanzar. Pero no perdamos la esperanza porque está ahí, sigue ahí, esta madrugada lo vimos cuando los almonteños saltaron la verja y pujaron por llevar a su Blanca Paloma…

3 comentarios

  1. La Fiesta de la Balesquida ó “Martes de Campo” es una fiesta que se celebra todos los años en la localidad asturiana de Oviedo, el primer martes posterior a pentecostés.

    Comienza con la lectura del pregón, la procesión de la virgen de la Esperanza desde la Capilla de La Balesquida hasta la iglesia de San Tirso. Durante el día se reparte el “bollu preñau” (bollo relleno de chorizo) y la botella de vino entre los cofrades. Es una fiesta multitudinaria que reune a los ovetenses en el Parque de San Francisco.

    La fiesta se remonta al siglo XIII para celebrar la donación efectuada por Balesquita Giraldez al gremio de sastres de Oviedo.

  2. Hoy es el día de la Virgen de Ronte, en Osorno, pueblo de Palencia.
    Todos los habitantes van de romería hasta la Ermita de la Virgen con sus meriendas y las comparten unos con otros, sentados en el prado sobre mantas y con grandes manteles.
    Conservan una tradición muy castellana, y eso es lo más importante.

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