No todo se consigue a golpe de talonario.

Los nombres de Nauzet, Garmendia, Caneda, Corral, R. García, M. Martins, N. Garro, Lambarri, H. Mujika, Borrell, Iribas, Muneta, P. Infante y Alain, pueden decir muy poco al conjunto de los aficionados al fútbol en España. No son ni los Casillas, los Messi, Ronaldo, Sergio Ramos y otros tantos protagonistas del Barça-Madrid de anoche, aunque en las últimas horas les han robado un cierto pritagonismo. Son los jugadores del Mirandés, un modesto club de 2ª división B, que apearon de las semifinales de la Copa del Rey al Espanyol, y que con empuje e ilusión, hubieran sido capaces de hacerlo con cualquier todo poderoso, con el permiso de los árbitros, que todo hay que decirlo…
Estos modestos ayer volvieron otra vez al comercio, a la oficina bancaria, a cada uno de los empleos que forman parte de su vida cotidiana y que complementan con su afición favorita, jugar al fútbol, que estos días les está haciendo vivir un sueño del que no quisieran despertar.
A parte de parecerme una gran aventura, es sobre todo una lección maravillosa para los jóvenes y los que lo somos menos, una muestra de que el corazón y el pundonor tienen un peso determinante en cada tarea que acometemos en la vida. No tienen la preparación de los grandes, ni su equipamiento, sus caprichos o privilegios. La ficha de cualquiera de los jugadores que anoche protagonizaron el clásico supera la de todo el equipo mirandés y sin embargo la lección que les han dado, uno por uno, es de las de tener en cuenta…
De repente España ha recordado que el fútbol es más que Madrid y Barça; que en cualquier región española hay miles de modestos futbolistas que se sacrifican, que dedican su tiempo libre al deporte y que hacen vibrar a aficiones que también sienten emoción, pasión y orgullo. De vez en cuando los grandes necesitan recibir una lección de humildad y de humanidad, una lección que les advierta que no todo en el deporte se hace a golpe de dinero, de cámarás de televisión o de mirada retadora y despectiva a los adversarios.
Todos nos hemos sentido en las últimas horas un poco parte del Mirandés, y aunque esta noche la mayoría de los aficionados volvieron a vivir la pasión merengue o culé, tenemos presente la llamada de la reflexión, de pensar en el fútbol como un deporte al alcance de todos, como una hermosa aventura que puede vivirse al margen de los grandes que están acostumbrados a tenerlo todo.
La vida es del esfuerzo, del sacrificio, de la lucha por el día a día. La vida es el Mirandés, no son el Madrid o el Barça. La vida son muchas derrotas para lograr alguna victoria. Es ganas de luchar, es la emoción y la fuerza, el pundonor y el sacrificio. Es pensar que el que la sigue la consigue, que no todo está hecho y que no todo está a nuestros pies… Anoche la pasión del Barça-Madrid volvió a decantarse del lado blaugrana y borró la estela que tan sólo 24 horas había creado el club burgalés. Sin embargo, algo me dice que para las semifinales de la Copa habrá un buen número de españoles que se alineará con los colores del Mirandés, el club más débil y que sólo los muy culés irán con el grande. Magnífica lección del fútbol modesto con múltiples aplicaciones para la vida del día a día…

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