Cuando una cree que ya hemos tocado fondo con los impresentables que han hecho de la política su oportunidad para el golfeo, va Luis Bárcenas y demanda al PP ante la autoridad laboral por despido improcedente. ¡Y se queda tan ancho! … Será que como está en la “indigencia” necesita asegurarse un despido improcedente para poder acceder a un par de añitos de paro. O a una indemnización, porque tal vez haya sido insuficiente esa asesoría que decía tener con el PP y por la que cobraba una pasta.
Dice que no quiere hacer daño al partido, pero lo hace, porque está actuando con una chulería y un desparpajo que evidencian la frialdad y el carácter calculador del personaje. Y la mala educación, porque el gesto de la peineta no tiene un pase, como tampoco lo tiene que se dedique a pasear de forma tan evidente su opulencia. Y luego están sus declaraciones ante el juez, que nos muestran a un personaje encantado de haberse conocido y dispuesto a todo para “sostenella y no enmendalla”.
Que el PP se equivocó confiando en este personaje está claro. Nadie lo duda. Ni siquiera la propia organización que actúa con pies de plomo para evitar excitar el afán de protagonismo que está demostrando que tiene. A lo que no hay derecho, es a que haya personas que digan dedicarse a la vida pública y se beneficien sin escrúpulos de ella y que cuando les pillan, en lugar de actuar con humildad y arrepentimiento, saquen pecho y utilicen los resortes de la información para hacer más daño. Es una deslealtad el comportamiento que ha tenido con el partido y con todos los ciudadanos de buena fe. Es indecente que cuando han puesto al descubierto sus manejos, utilice torticeramente la comunicación para hacer daño a quienes un día dijo servir. No tienen un pase sus declaraciones a cuentagotas ante el juez, evidenciando una fanfarronería que sólo perjudica a quienes trabajaron con él y a quienes le dieron una oportunidad inmerecida.
Luis Bárcenas cree tener al PP como reo, tratando de manipular al partido para que no actúe sobre él la justicia con contundencia. Pero se equivoca, porque en el PP hay una decidida actuación de limpieza, caiga quién caiga… Mariano Rajoy es un hombre que mide los tiempos y en esta ocasión lo hará, porque sabe que se lo debe al partido, a todos los militantes, a sus compañeros de tarea, a todos los españoles y a él mismo, contra quien también ha querido sembrar sombras de dudas este personaje.