Uno de los mayores problemas del deporte es que en gran medida se rige en los despachos, por todopoderosos señores que deciden las más de las veces a su capricho y deshacen los triunfos ganados en buena lid con una ligereza sorprendente.
Todos los deportes exigen esfuerzos pero como el ciclismo pocos. Hay que ser un superdeportista para lograr aguantar sobre la bicicleta el esfuerzo al que se somete a l@s deportistas. Todo para dar espectáculo, para lograr hacer sentir orgullo a los aficionados, “enganchar” a los jóvenes y no tan jóvenes a su práctica, y también para ganar unos buenos dividendos… Lo que acaba de hacer el denominado Tribunal Arbitral del Deporte es todo un atentado al mundo del ciclismo. No se puede sancionar a un deportista como Contador con 2 años de prohibición para correr en competiciones oficiales, con una sentencia que reconoce que no está probado nada y que no ha podido demostrar por qué aparecieron 50 picogramos de clembuterol en su orina. La cantidad es tan mínima que ni siquiera la detectan los laboratorios habituales y para colmo se presume que fue algo involuntario. Alberto Contador ha seguido corriendo desde 2010, ha seguido ganando y pasando controles antidopaje. Nada de esto ha valido a los burócratas del deporte, que han querido asestar un golpe durísimo a la persona y al deporte español. Falta por conocer la sanción de la Unión Ciclista Internacional que puede culminar la felonía con una multa de más de 2 millones de euros.
Lo primero que hay que decir es que esto al fútbol no se lo hacen. Ni al fútbol, ni a ninguno de los deportes de élite que consagran ídolos y mueven millones de espectadores y de euros. Se meten con los que pueden… Es importante que haya organismos que velen por la pureza del deporte y que pongan sanciones ejemplares a quienes practican el doping. Pero en este caso la historia es pura entelequia, porque Contador tenía cantidades ínfimas, casi indetectables, de un fármaco arcaico en el mundo del deporte. Saben, como todos sus compañeros de fatigas, que lo suyo fue una ingesta accidental que era imposible que afectara a su rendimiento. Pero nada de esto ha servido… La unánime crítica de sus compañeros y de las grandes figuras del ciclismo mundial, cerrando filas con el corredor español, demuestra hasta qué punto los jueces y señores del deporte, los todopoderosos árbitros de los despachos, han decidido cargarse por la tremenda una brillante carrera personal y han agredido al ciclismo en España, tal vez porque es demasiado pujante y porque acumula más triunfos de los que estos señores consideran necesario.
La grandeza del deporte y de los buenos deportistas es que seguirán haciendo grande el ciclismo a pesar de sus directivos, de sus árbitros y de toda esa corte de personajes que no se suben en la bicicleta, pero a los que se atribuyen la potestad de hacer «buenos» o «malos» a capricho. Alberto Contador ha demostrado que no ganó el tour del 2010 por azar y eso lo sabe y lo valora el mundo de ciclismo de bien, aquel que valora el esfuerzo, el sacrificio y la limpieza del deporte. Lamentablemente sobre él han querido dar un castigo ejemplarizante, pero lo han hecho con la mayor de las injusticias de que han sido capaces.