Benedicto XVI, terremoto informativo.

La renuncia de Benedicto XVI al papado es ya la gran noticia del año. Ha irrumpido en el panorama informativo como un auténtico huracán capaz de copar la portada de los medios de comunicación del mundo entero.

No sólo estamos ante una noticia excepcional desde hace seis siglos, sino que habrá en la Iglesia un antes y un después, porque parecía un hecho admitido que los Papas lo eran hasta su muerte, aunque sus facultades estuvieran limitadas. Pero el magisterio de Benedicto XVI, su altura intelectual y de miras, se han demostrado una vez más en su ejemplo y además, ha dado verdadero valor y sentido a una de sus grandes defensas: el diálogo entre la fe y la razón.

El Papa es un hombre y como tal debe actuar. Su grandeza es precisamente esa. Por eso es admirable que un hombre que lo es todo, posiblemente el personaje público más popular y más respetado del mundo, renuncie a su posición porque reconoce que su estado físico no le dan fuerza para asumir el peso de la púrpura, que no es otro que el timón de una Iglesia que ha vivido auténticos sismos internos en los últimos tiempos.

Benedicto XVI lo tuvo muy difícil. Sustituir a Juan Pablo II parecía un reto inalcanzable. El Papa viajero, el mediático, el amigo de los jóvenes, el huracán Wojtyla, era la personalidad más arrolladora. Ratzinger era otro cosa; más intelectual, más callado, más mayor. Para muchos era el Papa conservador. Pero no siempre las apariencias son ciertas y pronto lo vimos como un Papa innovador, dispuesto a pedir perdón por los escándalos de la Iglesia, dispuesto a investigar a los Legionarios de Cristo y a aclarar los complots internos vaticanos. Todo ello con una catequesis de altura que admira a creyentes y no creyentes, por el valor moral e intelectual de su palabra.

Se abre ahora el apasionante proceso de la sustitución. El todavía Papa puede comprobar lo que ninguno otro había vivido, el terremoto informativo universal que es la sustitución del Pontífice. La Iglesia se dispone a renovarse tras la transición de Benedicto XVI, que estoy segura que acabará por ser muy valorada y reconocida por la historia.

1 comentario

  1. Hay mucha controversia en si el Papa debe o no dejar la Silla de Pedro.Coincido en que da una nueva dimensión al futuro de la Iglseia Católica y a los Papas,pero también hay que comprender a los que dicen que hay que morir en el cargo.Ver a un Papa anciano además de entrañable es un mensaje a que los viejos no son algo caduco que hay que marginar.Pueden dar mucho hasta el último dia y demuestra que lejos de pensar que son comodones y egoistas,están dispuestos a sacrificarse mucho aunque por su avanzada edad les cueste hacerlo.Las dos posiciones son defendibles aunque yo me apunto mas a lo que dices en tu comentario de hoy porque pienso que no le viene mal a la Iglesia un cambio de imagen y orientar algunos asuntos que solo se pueden abordar desde la juventud y la capacidad de soportar tensiones y presiones internas que desgastan mucho.

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