¡Cuántas cosas nos está enseñando la crisis! Lo malo es que casi todas son a golpe de aumentar ese gran drama nacional que se llama paro… El viernes, casi al mismo tiempo que nos quedábamos perplejos con los casi 5.300.000 parados que nos presentaba la EPA del último trimestre del año pasado, conocíamos el cese sorprendente de la actividad de la compañía aérea Spanair con el consiguiente peligro, casi la certeza ya, de que sus 2000 trabajadores pasarían a engrosar las listas del paro. El caso de Spanair, con ser un drama más en la ya sufrida historia contemporánea de las empresas españolas, tiene el componente añadido de ser una más de las faraónicas aventuras autonómicas nacionalistas y sería una seria advertencia de lo que puede pasar en el futuro.
El tripartito catalán dejó, entre otras desastrosas herencias, haber inyectado desde 2008 ayudas a la compañía aérea por importe de 150 millones de euros. Spanair contaba entre sus máximos accionistas a la Generalitat y al Ayuntamiento de Barcelona, ya que Montilla y su corte decidieron hacer de esta empresa la compañía de bandera de Cataluña y con ella al aeropuerto de Barcelona referente en el tráfico aéreo europeo. Sueños de grandeza que se derrumban como un castillo de naipes, que dejan miles de parados, decenas de miles de viajeros descolocados y que siguen incrementando la desconfianza de los ciudadanos, sobre lo que cada vez más se demuestra como un gigantesco tinglado que poco a poco se va desmoronando.
Si el nacionalismo catalán ansiaba en su megalomanía ser la referencia de Europa en el tráfico aéreo y quitar con ello la primacía a Madrid, lo que ha logrado es despilfarrar cientos de millones de euros y seguir agrandando la deuda de la Comunidad. Spanair estaba tan mal montada, que no ha podido encontrar un socio que la salve, porque además cualquiera sabía que las ayudas recibidas podían ser reclamadas por Europa por trato de favor en relación con otras aerolíneas.
Ahora viene una lección a tener en cuenta. En su empeño por mantener aeropuertos abiertos, aunque no sean rentables, muchos gobiernos autonómicos ceden al chantaje que les hacen las compañías Low Cost para que no los abandonen. En otros casos, los gobiernos dan ayudas enmascaradas para mantener los vuelos de mínima ocupación, lo que significa subvencionar plaza de pasajeros en los aviones, aunque vayan vacías. Esto está terminantemente prohibido por Europa, que a la vista de lo que está pasando y lo que ha sucedido con Spanair, puede aumentar sus investigaciones y endurecer sus controles. En el fondo no hay que descartar una mayor debacle sobre el mundo aeroportuario nacional, porque hay caprichos que ya son imposibles de sufragar…
La obsesión de los nacionalistas catalanes por ser como Madrid les lleva a gastar cientos de millones en empresas tan absurdas como Spanair y la existencia de un hab en el Prat que era desaconsejado por todos los organismos aeronauticos internacionales.Ahora pagan estos caprichos todos los catalanes y todos los españoles.Es lo mismo que el capricho de las autonomías de tener aeropuertos a toda costa sin que sean rentables.Es hora de ir poniendo a los políticos en su sitio y de sacarles las vergüenzas porque ellos son estan vaciando los bolsillos.
Si realmente hubiera 5.300.000 personas paradas no habría quien saliera a la calle.
Lo digo porque una cosa es estar apuntado al paro y otra, muy distinta, es estar inactivo, in ingresos o mediopensionista.
Ya sacamos aquí el tema de lo sumergido. Parados hay muchos; apuntados al paro, más.
Más apuntados al paro van a haber, no lo duden. Es lo que tiene tanto recorte, que no sabemos a qué nos va a llevar sospechándolo.
Pido que Alemania nos anexione como territorio ya que de hecho ya lo estamos. A ver si se nos pega un poco de disciplina como pueblo.
Saludos.