2 + 2 = 4

La verdad es que intentar comprender qué leyes rigen a los mercados en este momento, es muy complejo. Los más expertos economistas reconocen su desconcierto ante muchas cosas que están pasando, así que una, aprendiz de algunas y compulsiva observadora de lo que pasa, sólo puede permitirse el lujo de hacer interpretaciones a pie de calle. Puede que a los más entendidos le parezcan muy simples, pero creo que gran parte de la materia económica, casi toda, está basada en mucha matemática… y nos pongamos como nos pongamos, 2 + 2 = 4.
La economía alemana va como un tiro, al menos en los tiempos en los que corren. Tasas de productividad no muy altas, pero con paro muy bajo. Su economía es la referencia europea y sus bonos son el famoso baremo que da pie a la prima de riesgo, ese interés diferencial que pagan los países en relación con el bono alemán. En los últimos días, la prima de riesgo está desbocada y los países europeos que han tenido que hacer emisiones del tesoro, entre ellos España, han tenido que pagar altísimos intereses, los más altos de las últimas décadas… ¿Qué ha pasado? Pues que Alemania está empezando a probar el golpe de los mercados y ahora resulta que como sus intereses son muy bajos, tiene problemas para colocar su deuda. Apenas cubrió ayer el 50% de la emisión de 6.000 millones de euros que realizó.
Aunque la situación en España o en Italia está mal, los mercados no terminan de ver una quiebra de estos países y la mejor prueba es que compran las emisiones de deuda que realizan. Si hubiera miedo a que el dinero que nos prestan no se iba a devolver, no lo darían aunque los bonos se pagarán al 25% de interés. Pero un 7% en este momento es un interés riquísimo y más si lo dan países que siempre han cumplido sus compromisos con los adquirientes de la deuda. El resultado es que prefieren arriesgar un poco y cobrar pingües beneficios, que no contar con la rigidez del mercado alemán y recibir un interés tres o cuatro veces menor. Así de simple… Y resulta que quien más fuerte se encuentra, es el primero en verse con problemas para poner el mercado su deuda, lo que significa que puede tener problemas para financiar sus propios servicios o refinanciar deuda que vence en este momento y que no se puede afrontar con lo que hay en tesorería.
En el fondo lo que está pasando es que por unas u otras razones, los países han gastado y siguen gastando más de lo que pueden y eso tiene consecuencias muy graves que condicionan todo, los servicios inmediatos y los compromisos de pago contraídos y a futuro… Se nos pide a los ciudadanos de a pie, algo tan racional y lógico como que no gastemos lo que no ganamos. Pues es la hora de que todos los países desarrollados y con problemas en sus economías se apliquen el cuento. Basta de demagogias sobre recortes, porque más vale recortar o ajustar a tiempo, que quedarnos sin nada, porque no podremos hacer frente a ningún compromiso. Lo simple es lo más saludable y en este caso preservemos un estado del bienestar que podamos pagar, y luchemos por consolidarlo. Empeñarnos en imposibles será la ruina en todos los sentidos. En todos…

4 comentarios

  1. Pues me da que tienes razon Mireia y que esto de la economia esta llebo de trampas que en el fondo se hacen para que unos dependan de los otros.Con todo ojala fueramos nosotros Alemania porque su paro roza lo idilico y estariamos mucho mejor.Tu reflexion de hoy es buena t la suscribo plenamente.

  2. Voy a dejaros un tema interesante para meditar que a mi a estas alturas de la pelicula no me sorprende, pero a mas de uno posiblemente si!

    ¿Dónde está el ‘tsunami’?

    No hay plena conciencia en los mayores centros de los establishments políticos y mediáticos españoles del grado de descontento de la mayoría de la población hacia la clase política. Una de las expresiones utilizadas por el Movimiento 15-M para manifestar su desacuerdo con las políticas públicas altamente impopulares aprobadas durante los años de crisis por mayorías en las Cortes españolas (y en varios parlamentos autonómicos), es que tales políticos “no nos representan”, dicho que goza de una simpatía generalizada entre la población. Las encuestas de opinión popular expresan que la clase política se ha convertido en uno de los mayores problemas que existe en España.

    Este desapego con las instituciones políticas está basado, en parte, en la naturaleza poco representativa del Parlamento, resultado de un sistema electoral poco representativo, hecho que se ha mostrado con toda claridad en las elecciones del 20-N.
    La interpretación más común en los medios de mayor difusión españoles es que la población se ha movido hacia la derecha, eligiendo masivamente al partido conservador. Con ello se señala por parte de tales medios que existe un amplio apoyo a las propuestas electorales de tal partido, que se centran en la necesidad de hacer recortes masivos de gasto público. Rajoy señaló en campaña que, excepto las pensiones, ningún otro capítulo del presupuesto se salvaría de las reducciones de gasto público.

    La victoria del PP se está presentando, pues, como una victoria abrumadora, utilizándose el término tsunami con gran frecuencia. Y como muestra de este tsunami se presenta el mapa electoral de España cubierto de azul, el color del PP, excepto en Catalunya y en el País Vasco. Tal tsunami se presenta también como un mandato para hacer políticas de austeridad. Por cierto, en Catalunya, la victoria de CiU también se ha presentado como una aprobación masiva por parte del pueblo catalán de las políticas de recortes que ha realizado tal partido en el Gobierno.

    En todas estas interpretaciones se ignora la escasa calidad democrática del sistema electoral español. Veamos los datos. El PP consiguió sólo el 30% del voto del censo electoral, es decir, de todos los españoles adultos que podían votar. Ello quiere decir que el 70% no le votó. No es cierto, por lo tanto, que el pueblo español que incluye, además de los votantes del PP, a los abstencionistas y a los votantes de otras opciones políticas, haya dado su apoyo al PP y a sus políticas de austeridad. La gran mayoría del pueblo español no votó al PP, ni apoya sus políticas.

    Es más, los datos tampoco confirman que haya habido un movimiento del pueblo español hacia la derecha. El voto del PP fue del 30,27% de todas las personas que podían votar, que fue sólo un 0,96% (repito, sólo un 0,96%) más del que consiguió en 2008 en las anteriores elecciones legislativas (un 29,31%). Es difícil sostener que ha habido un tsunami a favor del PP, la expresión utilizada en la mayoría de los medios. Continúa siendo un partido que, bajo un sistema proporcional que diera el mismo peso a todos los votos, sería minoritario. Su aumento acentuado de número de parlamentarios se debe primordialmente al colapso del PSOE, que pasó de representar el 32,19% del censo electoral al 19,49%, precisamente por haber hecho los recortes que ahora el PP quiere expandir. No es coherente argumentar que hay un mandato popular para realizar las políticas de austeridad del PP cuando el PSOE fue expulsado del Gobierno precisamente por llevar a cabo tales políticas.

    Una situación incluso más acentuada ocurre en Catalunya con CiU. Este partido consiguió sólo el voto del 18,8% de todos los catalanes que podían votar, lo cual quiere decir que el 81,2% no le votó. Deducir de ello –como ha concluido el presidente de tal partido y de la Generalitat– que el resultado de las elecciones es una muestra de apoyo del pueblo catalán a sus recortes es una lectura excesivamente sesgada que carece de credibilidad. Aquí, de nuevo, el hecho de que se presentara a toda Catalunya bajo los colores de CiU se debe predominantemente al descenso tan notable del PSC, que pasó de cosechar el apoyo de un 31,74% del censo electoral (de todos los catalanes que podían votar) a un 17,1%, resultado en gran parte de la identificación del PSC con los recortes del Gobierno Zapatero.

    No hay, pues, un mandato popular para que el PP o CiU realicen las políticas de recortes, si por mandato se entiende el deseo de la mayoría de la ciudadanía. En realidad, las encuestas que tenemos disponibles muestran que la mayoría de la población no está de acuerdo con tales políticas, favoreciendo otras alternativas, muchas de las cuales ni siquiera están siendo consideradas (encuesta del CIS de 2010 y 2011).

    Vemos, pues, que el partido que gobernará es un partido minoritario entre la población española, aunque tenga gran mayoría en escaños. De ahí que cuando el Movimiento 15-M denuncie a las Cortes españolas por realizar las políticas impopulares de recortes, por no representar a la mayoría de la población, llevará toda la razón, pues representarán sólo a una minoría. El PP tendrá un control casi absoluto sobre los aparatos del Estado sin que le haya votado la mayoría de los españoles, por mucho que los medios pinten en azul el mapa de España. No hay duda de que, de llevarse a cabo tales políticas de recortes, además de generar gran conflicto social, desacreditarán todavía más a la clase política y a la democracia española. Las nuevas generaciones, educadas ya en valores democráticos, son más exigentes que las que les precedieron y no aceptarán la democracia limitada que tenemos, resultado de una Transición inmodélica que determinó una democracia incompleta, responsable de un bienestar insuficiente.

    http://blogs.publico.es/dominiopublico/4282/%C2%BFdonde-esta-el-tsunami/

  3. Buen tema, bellezón.
    Dices que «los más expertos economistas reconocen su desconcierto ante muchas cosas que están pasando». A lo mejor es que el análisis no es, académicamente hablando, para economistas. Digamos que la econometría -si existe este palabro, luego lo miro- sería una herramienta y no una solución. Se dice por ahí que hay varios tipos de economistas: el académico, el city economist, el academic economist, el bussines economist y el treasury economist. El hecho de que se exprese en inglés debe ser para darle más empaque a la cosa.
    Todos ellos valen para un roto y un descosido. De hecho hemos comprobado que altos funcionarios de la economía gubernamental, después de soltar normas y axiomas se han metido a la cosa privada hasta entroncar con los cinco tipos descritos.
    Prefiero, siempre, al economista académico porque se le infiere algo de humanismo.
    Es el que puede llegar a establecer una especie de sostenibilidad al negocio, no así el resto -salvo el funcionario del tesoro- cuyo objetivo será no poner límites a sus ansias.
    El resto de sobra es sabido.
    Saludos

  4. Ahora una opinión personal; me la creo, no es paranoide.
    Imaginemos por un momento que existiera un poder oculto -o no tan oculto- que pretende ejercer de gobierno paralelo a los que en el mundo, con sus respectivos países, existen.
    Existe cierto club, cuya sede radica en los USA, que tiene miembros reconocidos por todos los países, incluso España tiene algún miembro no oculto o que no lo oculta.
    No es ningún secreto que el «Club Bilderberg» ostenta, de hecho, influencia en todos los estratos económicos.
    Me recuerda a la masonería, pero en otro plano mucho más activo y menos filántropo y humanista.
    No sé si alguien estará en desacuerdo, pero el orden mundial va a cambiar, y de hecho el Club Bilderberg es quien lo está haciendo.
    Esta crisis durará lo que dure el pulso entre nuestros soberanos gobiernos y ese apasionante club social.
    Saludos y… piénsenlo

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