Sin tiempo para más locuras.

Esta noticia saltaba ayer: «El primer tranvía andaluz, que se inauguró en octubre de 2006, dejará de funcionar el próximo 4 de junio porque sus pérdidas son insoportables». Se trata de una línea de 3,5 Km que separa Velez-Málaga de Torre del Mar y que acumula unas pérdidas anuales superiores a los 2,5 millones de euros, cantidad que de ninguna manera puede asumir el ayuntamiento de Vélez-Málaga. Costó construir esta línea 40 millones de euros procedentes de ayudas europeas, que ahora se demuestran tirados a la basura y todo por la megalomanía de unos cálculos que para nada se han cumplido: la línea que sería un éxito con 1,2 millones de viajeros al año, va en caída libre y hoy la utilizan menos de 680.000 viajeros. Luego nos extrañamos de que Europa quiera ahora vigilar hasta el último céntimo que nos da…
Aún tendremos que escuchar protestas de los usuarios por una decisión que hace años que debería haberse adoptado; o mejor, la obra no se debería haber ejecutado jamás, porque en ningún momento ha respondido a la iniciativa para la que fue planificada. La verdad es que me da igual dónde esté la línea ubicada, lo que me importa es el concepto del derroche. El Ministerio de Fomento puso en servicio hace unos días unos pocos kilómetros de una autovía en Lérida, que nadie sabe muy bien su verdadera utilidad. Mientras tanto, nuestra prima de riesgo alcanza su límite histórico, el consumo minorista cae un 10% en el último año, la bolsa se hunde, etc, etc, etc…
No pidamos confianza a los inversores, ni justifiquemos la exigencia de más sacrificios, si seguimos viendo las noticias inundadas de monumentos al despilfarro, al desatino y al desastre en la gestión. Lo que estamos viviendo es lo más penoso de la etapa democrática y exige una regeneración activa de la vida política. Los partidos, los grandes actores, los forman personas que deben pensar en el individuo, en los ciudadanos, en el vecino. Hay que aparcar la pelea sin sentido, el “sostenella y no enmendalla” que tanto abunda en nuestra vida pública, para dar paso a un tiempo nuevo en el que prime la política como servicio público, como interés ciudadano y cada día un poco más alejada de la exclusiva lucha por el poder… No es la primera vez que lo escribo, pero esta es una buena ocasión para ratificarlo: tenemos la oportunidad de dar paso a un tiempo nuevo en el que el trabajo por la colectividad, el interés nacional y la honestidad en la gestión dejen atrás tiempos vividos muy penosos. Hacerlo significará regenerar la vida nacional, la vida política y empezar a generar confianza. Muchas medidas del Gobierno van orientadas en ese camino, pero además se necesita que los partidos empiecen a remar en el día a día en la misma dirección. Esto es la crisis y salir de ella impone condiciones que, o se cumplen, o caeremos en el peligro de entrar en un remolino que tape todas las salidas…

1 comentario

  1. Esta muy bien todo lo que dices pero las locuras siguen porque el político es una raza que se mueve por la megalomanía y siempre querrá dejar su obra póstuma.No es fácil que al final se imponga el sentido de lo útil y aunque haya muchos que traten de hacerlo siempre habrá alguno que haga obras como un aeropuerto sin que haya aviones, prevea una estación de AVE que jamás va a construirse o un tranvia a ninguna parte.Hasta que no se exijan responsabilidades sociales e incluso penales por estas situaciones me temo que no van a ser corregidas.

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