La clave del sector financiero.

Uno de los principales problemas, si no el mayor, al que se enfrenta el Gobierno de Rajoy en este momento, es cómo conjugar la política de recortes con el estímulo de la economía. Cómo quitar por un lado y sumar por otro, cuando esa suma fundamentalmente se establece a base de estimular el consumo, que es lo que más se resiente cuando hay recortes… Es el laberinto económico, muy intrincado, casi una piedra filosofal de la economía, a la que hay que dar muchas vueltas porque en ello está una posible clave de la solución.
Ayer en Barcelona el Banco de Crédito Europeo hizo una puesta por las políticas de estímulo económico, pero partiendo de la base de que el saneamiento de las cuentas públicas es irrenunciable. Vamos, que o se acaba con el déficit o no hay salida posible. El BCE no ha despejado dudas que no tuviéramos ya, pero ha señalado que la política de ajustes es la adecuada, si acaso ha advertido que debe acelerarse, y ello podría contribuir a salir de la crisis. Por tanto, bueno será que asumamos que sufriremos mucho antes de poder empezar a sentir en nuestros bolsillos que la cosa va un poco mejor. Negro camino por delante…
Para una revitalización económica es imprescindible dar salida a la reforma financiera. Los bancos, tremendamente castigados en la bolsa en las últimas semanas, son en buena medida un lastre a la hora de hablar de recuperación. No hay en ellos la confianza necesaria, ni sus balances presentan los mejores resultados. Su exceso de exposición al sector inmobiliario en las últimas décadas, hace que sus balances presenten activos muy problemáticos y de ahí que se hable de la creación de un banco malo en el que se instalar esos activos y permitir así a las entidades seguir la hoja de ruta sobre la base de unos balances más solventes. Me da la impresión de que el Gobierno es ahora más proclive a que esos bancos malos tengan luz verde, aunque se crearían de forma voluntaria y sin ningún tipo de ayuda oficial. Eso permitiría unas cuentas más saneadas que pudieran dar lugar a unas entidades más fuertes, más solventes y con capacidad de soltar dinero al sistema con el que financiar las inversiones que puedan plantear las empresas y los emprendedores.
El Gobierno, que ha dado muestras de valentía a la hora de acometer reformas claramente impopulares, debería pisar el acelerador en estimular la reforma del sistema financiero, algo de lo que los ciudadanos escuchamos hablar como una clave y que no llega a materializarse. Ayer el BCE en su reunión de Barcelona abogó por ello, porque considera que con el control del déficit público y con bancos fuertes, el crédito podría fluir y se revitalizaría la economía de forma importante.
Soy consciente de que es una ecuación muy compleja, que es difícil comprender que tenemos que sufrir en nuestros bolsillos las medidas de ajuste, pero es algo que tendrá que llegar y que espero que el Gobierno aborde con la misma valentía con la que ahora está haciendo frente a tantas medidas duras que, sin embargo, están siendo muy ponderadas por los responsables de la política económica en Europa. Y estamos en Europa, somos parte del Euro y en este ámbito está nuestro futuro.  

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