Los que más tienen que callar…

Si la primavera es la época de las turbulencias, del tiempo cambiante, explosivo, incierto hasta el extremo, estamos viviendo una auténtica primavera económica, donde los sobresaltos nos acompañan cada día y donde es impredecible adivinar lo que pasará mañana. El momento actual se define por la economía y el más mínimo movimiento, en el terreno que sea, se refleja de inmediato en una turbulencia económica. Y claro, cuando se está tan “tocada” como nuestra economía actual, la turbulencia es de “agárrate y no te menees”…

Ayer confirmamos dos malas noticias. Por un lado Eurostat confirmó las peores sospechas y ratificó que el déficit público de España el pasado año fue del 8,5%, muy por encima de aquel 6% que a bombo y platillo vendía el Gobierno Zapatero. Por otro, el Banco de España firmó el retroceso de nuestra economía que encadenó dos trimestres consecutivos de resultado negativo. Con estos datos hay que ser muy optimista para encontrar una salida a corto plazo.

Lo que no puedo llegar a entender es que con esta situación, que no es la denuncia de unos desaprensivos partidistas sino la constatación por organismos e instituciones de solvencia contrastada, los causantes en gran medida del desaguisado traten ahora de dar lecciones de cómo salir de esta. Es una auténtica desfachatez que el PSOE sea incapaz de ofrecer una crítica en positivo, una alternativa creíble o una palabra de apoyo al Gobierno ante las duras decisiones que debe tomar, fruto principalmente del desahogo con el que practicaron la gestión de la vida pública española en los últimos cuatro años. Me pregunto cómo es posible tener tanta cara para dictar una hoja de ruta de salida de la crisis, siempre basada en la crítica y la descalificación hacia quien Gobierna, porque están haciendo lo que ellos fueron incapaces de hacer para no sufrir un desgaste que al final llegó, con el añadido de la ruina del país.

El PSOE es un gran partido y no merece estos dirigentes. No merece políticos aferrados al poder a costa de lo que sea, incapaces de arrimar el hombro y hacer política constructiva. No se trata de dar carta blanca al Gobierno que han elegido de forma abrumadora los españoles, se trata de aportar, de hacer crítica constructiva y de no utilizar la demagogia y la política rastrera del desgaste incluso a costa del futuro del país. Es el momento de unir fuerzas, de apostar por España, de salir de la crisis y empezar a aplicar los modelos. Si no salimos de esta, difícilmente se podrá aplicar una política de partido, porque cuando no hay nada, nada se puede hacer y eso es lo que ha propiciado y sigue haciendo el PSOE. Es lamentable… 

1 comentario

  1. Según se te lee, Mireia, tus argumentos son aplastantes con respecto a la nula capacidad crítica o constructiva por parte del principal partido en la oposición, partido que acaba de dejar el poder.
    Independientemente de si es o no constructivo en sus críticas, el PSOE necesita la misma regeneración que el resto de partidos; incluyo al PP, por supuesto.
    La conclusión a la que se puede llegar con lo que he puesto es que es la clase política española en general la que adolece de falta de proyecto, de idea, de creatividad.
    Por añadidura, y para ser más realista, tendría que decir que la sociedad española está enferma y sumida en el fango de la aculturalidad y totalmente alejada de la ilustración y el humanismo.
    Es mi punto de vista, pero creo que esta pescadilla que se muerde la cola tiene un primer culpable que no es otro más que el pueblo llano, el cual se empeña en echar la culpa de todo a los partidos políticos. Sostengo que el futuro de los pueblos sólo puede cambiarlo el pueblo; la clase política está para cambiar lo que sea menester según las inquietudes de los representados… y no al revés.
    Al final veremos que todos -los del pueblo llano- hemos sido pesebristas o acomodaticios (diría comodones) a la hora de mostrar tanta indolencia ante los cambios que nos han sobrevenido. Nos ha importado una mierda la penuria ajena sin llegar a inferir que esa penuria podría llegar, y está llegando.
    Lo jodido es que dentro de nuestra indolencia hemos participado -y participamos- en las penurias ajenas y propias, y esto es sin saber interpretar la realidad que nos rodea, lo cual , si tiramos de diccionario, es el significado de la palabra «idiota».
    En otro orden de cosas, creo que ya va siendo hora de poner los pies en el suelo y mandar a tomar por el saco tanto mensaje negativo, lo cual inunda nuestros hogares y nos hace pensar por extrusión que sí, que hay crisis financiera, pero la crisis moral también crece en este contexto de ceguera colectiva y en esto no hemos de participar los que somos víctimas de los caprichos de unos «mercados» que, así lo parece, son ajenos a nosotros.
    Un poco de positivez sería bueno para que transmitiéramos buen rollito -esto es «ilusión»- a nuestros jóvenes, pues tienen todo el derecho del mundo a que no les roben la felicidad o, al menos, la ilusión por vivirla y no acaben siendo una generación perdida. En momentos de crisis es cuando hay que echar mano de los recursos abstractos que tenemos, dentro de los cuales está eso que se llama capacidad para ser feliz o vivir felizmente.
    Saludos

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