Lo importante de la Ley de Estabilidad que ayer aprobó el Congreso de los
Diputados, es que obligará a las administraciones a aplicar los criterios
que hoy se aplica en cualquier economía familiar. Me explico, en las familias por lo general hoy se vive con lo que se gana y si las cosas no están
claras no hay endeudamiento. Tanto se gana, tanto se gasta. Los tiempos en los que se movía todo con alegría a base del endeudamiento han pasado a la historia para millones de españoles. Lo mismo acaba de sucederle a las administraciones, que tras una moratoria que va hasta 2020, tendrán que ajustar sus presupuestos al déficit cero. Vamos, que no se van a poder gastar más de lo que ingresan y así sus economías estarán saneadas de verdad.
La lástima es que esta ley se haya aprobado sin los votos del PSOE, que una vez más ha preferido escenificar sus diferencias con el PP, que dar la
imagen del consenso. Bien que se intentó ayer en el Congreso el acuerdo, pero fue imposible porque los socialistas se empeñan en afirmar que los populares han dinamitado el acuerdo que ambos partidos sellaron para reformar la Constitución fijando un techo de endeudamiento en el 0,4%. El argumento no deja de ser peregrino, porque con la que está cayendo, con lo que estamos viviendo, parece mentira que desde la izquierda se siga insistiendo en
mantener márgenes para seguir endeudados. Con esta ley se aprueba una moratoria de casi 20 años para llegar a ese déficit cero, moratoria que es imprescindible porque hay que ir renegociando la deuda y ajustando los gastos del Estado y de las Administraciones Regional y Local; pero para evitar volver a estar donde estamos hoy en día, es imprescindible sanear las cuentas y no gastarnos lo que no tenemos. Hoy pagamos, ¡y a qué precio!, las alegrías irresponsables de los tiempos de bonanza, en los que fuimos incapaces de prever lo que ahora nos está sucediendo.
El argumento de que si no hay endeudamiento el Estado no funciona es falso. No funciona como lo ha hecho hasta ahora, con alegrías que nos han llevado a gigantescas inversiones que hoy son insostenibles y lo que es más grave, que en muchos casos no se usan. Hemos tirado por lo alto para tener todo y
en todos los sitios. Eso sería aceptable si nos lo pudiéramos permitir, pero la realidad es que no podemos y lo primero que hemos tenido que aprender es que nada es gratis, nada, y que todo hay que pagarlo, más tarde o más temprano, pero hay que pagarlo.
Cualquier medida que sirva para sanear las cuentas y para obligar a los gestores a afanarse en la gestión de los recursos público es bienvenida. Si el PSOE sigue insistiendo en que aumentar el gasto público es la solución, poco a poco se irá colocando en la situación marginal que ocupaba Izquierda Unida y eso es estar fuera de la realidad en que vivimos.