La prensa no puede morir.

Ya hay dos capitales españolas que no tienen periódicos impresos locales diarios: Guadalajara y Cuenca. El domingo salió a la calle el último número de El Día de Castilla-La Mancha. El periódico, que se editaba en Cuenca, no ha podido superar la crisis… La noticia no es una anécdota, ni debe pasar desapercibida. Es una mala noticia para los ciudadanos de estas ciudades, para la sociedad en su conjunto y para la libertad de expresión. No quiero decir que estos cierres limiten la libertad, pero cada medio que cierra es una voz menos y la esencia de la democracia y del periodismo es la pluralidad.
La crisis está sacudiendo muy fuerte a todos los sectores y la comunicación no es ajena. Es más, es uno de los más castigados, porque según los datos que aporta el informe de la Asociación de la Prensa de Madrid, son nada más y nada menos que alrededor de 200 los medios de comunicación que han desaparecido en España desde 2008, cuando comenzaba esta crisis que tantas veces negó Zapatero.
Si cierran por problemas económicos y empresariales, de los que no se salvan ni siquiera los grandes medios que tenemos en España, no hace falta decir que lo que están viviendo los periodistas y lo que espera a los futuros licenciados es verdaderamente un drama. Hay poco trabajo y trabajo precario, además de un panorama mediático muy complejo, porque la irrupción en el sector de determinados capitales, hace que haya muchos intereses de por medio y el periódico, los medios en general, tengan cada vez mayores problemas de credibilidad. No hay que olvidar que el mundo digital está irrumpiendo con fuerza huracanada y que las redes sociales han llegado para quedarse y ya tienen un hueco muy destacado en la comunicación, sobre todo de los más jóvenes.
Asistimos a una gran encrucijada para los medios porque no sólo tienen que superar una crisis económica brutal y una importante de credibilidad, sino porque deben acometer una reestructuración acorde a los tiempos que garantice la convivencia de los medios convencionales con las nuevas tecnologías y con el rutilante papel de Twitter, que es un vehículo de información de primera, al que acceden como emisores y como receptores todos los ciudadanos… El periodismo convencional y clásico no puede morir. Esta sociedad no se lo puede permitir. Lo que hay que hacer es ayudarlo a sobrevivir y a recuperar el gran prestigio que siempre ha tenido. Para ello se exige la implicación de periodistas, ciudadanos y empresas, que deben adecuarse al momento y no asumir un papel diferente al que le corresponde en una sociedad democrática.

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