El caso del espionaje político realizado por la empresa Método 3 demuestra la urgente necesidad de la regeneración de la vida pública en España… Está claro que es injusto juzgar a todos por igual, muy injusto; pero también es cierto que en los últimos meses estamos conociendo casos de presunta corrupción y de enriquecimiento personal, que evidencian que los mecanismos de control no han funcionado y que han tenido acceso a la vida pública personajes de dudosa honorabilidad que sólo han venido a hacer su particular «agosto» y a destrozar la imagen de quienes trabajan por la colectividad con dedicación y honestidad.
El colmo es que ya hayamos perdido hasta la seguridad de ser libres y que nos pueden espiar impunemente por intereses de unos u otros. El colmo es que actividades de investigación, que están perfectamente reguladas, acaben por transformarse en casos de espionaje en el que, al parecer, nadie está a salvo de ser escrutado, ni siquiera la cúpula del Ministerio del Interior. Y el colmo de la repugnancia es que puedan estar metidos en este escándalo partidos políticos… Así que no me extraña que los ciudadanos estén cada vez más hartos.
En un Estado de Derecho invadir la privacidad de las personas sólo es posible bajo mandato judicial y, como es lógico, por causa muy justificada. Son infinidad los asuntos que los tribunales han desechado porque las investigaciones no fueron limpias y amparadas por los jueces. Que haya habido personas que se dedicasen a colocar micrófonos para captar conversaciones privadas para utilizarlas como herramienta política, podríamos pensar que entraba en el campo de lo novelesco, pero por lo que estamos viendo con las detenciones de ayer, tiene un claro fundamento.
Cada día despertamos con un nuevo escándalo y hay que poner freno con urgencia. Deben hacerlo los partidos sin más dilación. Internamente aplicando todos los mecanismos de control y toda la severidad en sus decisiones disciplinarias, pero también buscando acuerdos conjuntos que hagan que la sociedad empiece a percibir un interés sin fisuras por las manos limpias, por apartar de la vida pública y perseguir a quienes no son dignos de estar en ella… Cada minuto que se tarda en tomar medidas y acuerdos, es un avance más en el deterioro de la vida política; algo que no beneficia a nadie y disuelve los efectos de lo que es realmente imprescindible: la recuperación económica y el bienestar de los ciudadanos.