Hoy recibe Europa el Premio Nobel de la Paz en Oslo, un galardón que puede ser discutido, pero que reconoce el esfuerzo de países que fueron sacudidos por duras guerras de las que han sido capaces de resurgir y unir sus fuerzas para crear un gran proyecto común. Meritorio es que muchos de esos países eran enemigos irreconciliables que dejaron a un lado las diferencias y han sentado las bases de un proyecto de dimensión global que paradójicamente sufre ahora los embates de otro tipo de guerra, la que genera la crisis económica, que sólo será posible superar desde el esfuerzo común, desde el entendimiento y la colaboración.
El Nobel de la Paz ha de ser un símbolo, pero también una advertencia. Una advertencia para que los países centren su tarea, asuman los retos que la sociedad demanda y busquen el interés general sobre los particulares. Una advertencia para que haya dignatarios que pueden ser más líderes, pero que no se consideren iluminados para imponer por encima de todo. Y una advertencia para que los ciudadanos confíen en sus políticos y para que éstos sean capaces de asumir la responsabilidad que les asiste y que marcará el futuro.
Angela Mérkel ha creído estar predestinada para ser la gran líder, pero su gran obsesión por el control y la imposición empieza a pasarle factura. Ha ahogado tanto a los países con problemas, que ha logrado que el consumo se derrumbe y eso ha acabado por afectar a Alemania que preve un sustancial recorte del PIB el próximo año.
Grecia, España, Portugal o Italia, están sufriendo las consecuencias de gobiernos incapaces de controlar el gasto público. La lección es que no se puede gastar lo que no se tiene y hacerlo acaba por tener consecuencias.
Italia asiste ahora no sólo a una profunda crisis económica, sino al desconcierto que supone que un político corrupto, ejemplo de lo que nunca debe ser un mandatario, trata de volver a ser Primer Ministro sirviéndose de su imperio económico y mediático. Personajes tan lamentables como Berlusconi deberían desaparecer de la esfera pública para dignificar más la política.
Europa será mañana Premio Nobel de la Paz, pero tiene mucho camino por recorrer para ser la referencia mundial que un proyecto de estas características puede alcanzar. Hay que luchar contra los vicios, pero también contra la desvergüenza y el oportunismo. Lograrlo será el gran reto de los próximos años.
Buena reflexión Mireia porque parece que una vez que se ha creado la Unión Europea todos los paises tienen una tendencia a tirar para lo suyo.Si se ha creado una unión para hacer cada uno lo que quiera conforme a sus intereses no se logrará mucho por lo que es necesario que se ceda en la soberanía hacia una unión fiscal que haga que todos pacten unas normas de funcionamiento que no haga que unos sean más que otros que es lo que le pasa a la Merkel.Quiene ser la emperadora de Europa y eso puede acabar con la Unión Europea tal y como está concebida porque paises como el nuestro pueden aceptar normas pero no que se les estrangulen por el capricho de otro que ahora es mas fuerte.Europa si siempre que sea la Europa de todos y no la de unos pocos y para eso debe servir este premio Nóbel porque sino parece un trofeo de vitrina que carecerá de sentido en pocos años.