Los datos del paro que conocimos ayer vuelven a mostrar la cara más amarga de la crisis que estamos viviendo. Noviembre tuvo el segundo peor registro de las series históricas, con 74.296 parados más, con lo que ya estamos en un cómputo global de más de 4.900.000, dato que pone los pelos de punta y dice muy poco a favor de la confianza de nuestra economía. Tal vez lo más llamativo sea el alto crecimiento del paro en el sector servicios, que crece a razón del 15% mensual, lo que indica que la estadística comienza a registrar la pérdida de empleo en el sector público. Si a esto sumamos que se han perdido 205.000 cotizantes, nos daremos cuenta que se están cruzando las gráficas de forma muy peligrosa: aumenta el importe de las prestaciones sociales que tiene que pagar el Estado y disminuyen los ingresos por cotizaciones de los trabajadores. El déficit negativo supone tener que acudir, y ya se ha hecho en más de una ocasión, a las reservas de la Seguridad Social, algo muy peligroso si se generaliza.
Todos estos datos evidencian que vivimos en un momento crítico que exige actuaciones rápidas. No niego que el Gobierno lo haga, pero las recetas tradicionales se vuelven imposibles, por el momento, para resolver la crisis. Hay que ir a más y ese ir a más es que los ciudadanos se impliquen en su responsabilidad social, pero que las fuerzas políticas y sindicales dejen de lado las posiciones de filosofía partidista para buscar acuerdos de conjunto que permitan encontrar soluciones. No se puede seguir dando el espectáculo de que cada uno tira para su lado, como si la solución de los problemas fuera solo cosa de los gobernantes. Es cierto que quien gobierna debe tomar la iniciativa, pero una sociedad democrática tiene que implicarse en las soluciones y mucho más en situaciones de emergencia como la que ahora tenemos. Los ciudadanos están hartos de peleas que les ignoran, que generan un «toma y daca» entre los contendientes obviando la dura realidad que viven millones de personas. Los ciudadanos quieren acuerdos, diálogo y compromiso y eso es lo primero y más importante que hay que pedir a quienes tienen la representación política. No estaría de más que en el aniversario de la Constitución se releyeran los artículos sobre la convivencia y los objetivos comunes y no se mantuvieran en las diferencias, que aunque legítimas, ahora son terriblemente nocivas.