¿Y ahora qué…?

Si los piquetes no hubieran operado a fondo, la huelga hubiera sido un fracaso. Y así, también… Sólo la industria siguió la convocatoria de una forma más generalizada y eso porque no merecía la pena poner en marcha muchas cadenas de producción si no eran plenamente operativas. En el transporte tuvo alguna incidencia, regular en las administraciones, muy poca en los autónomos y muy desigual, casi nula y por la presión, en los comercios aunque estos se estime que han dejado de vender nada menos que 120 millones de €. Los sindicatos sólo pueden sacar pecho por lo concurridas que fueron en general las manifestaciones, aunque no deberían llamarse a engaño y ser conscientes de que no es un respaldo a sus políticas, sino la expresión de un descontento bastante generalizado de una sociedad que está sufriendo mucho, que soporta casi un 26% de paro y que desconfía bastante de todos sus dirigentes. Dirán lo que quieran pero las manifestaciones no son el exponente de un gran éxito sindical, sino de un gran fracaso social bastante generalizado.
La paradoja es que en el país del paro se ha llamado al paro y lo han hecho quienes durante años mantuvieron connivencia con el Gobierno que más lo incrementó. Se mire por donde se mire hemos vivido una huelga política pura y dura. Hace falta estar fuera de la realidad para provocar situaciones como las que vivimos ayer en España, un país que lucha por salir de la crisis y que se ha encontrado con colectivos sindicales y políticos partidarios de echar el freno y la marcha atrás. Hasta fue esperpéntica la exhibición de pancartas por diputados socialistas en el Congreso justificando la huelga, otra lamentable muestra de la falta de compromiso con la situación real que hoy vive España.
Cuando hoy repasemos la jornada en los medios de comunicación habrá de todo. No creo que merezca la pena detenerse un minuto a participar de la guerra de las cifras, porque lo que pasó lo comprobamos ayer paseando las calles de nuestras ciudades. Ahora lo que procede es mirar al futuro, sentarse a buscar soluciones para frenar la lacra del paro y hacer que España crezca y tenga futuro. Sindicatos y partidos de izquierda son capaces de sentarse a pactar apoyos a una huelga pero, ¿se sientan y proponen alternativas a la crisis? ¿Hay en sus hojas de ruta alguna medida que no sea aumentar el gasto público y volvernos a llevar a la ruina de la que intentamos salir?…
El ejercicio de la libertad es el de expresarse y abrir debates sobre lo que necesita nuestra sociedad y ello impone análisis serios, renuncias a prebendas obsoletas y compromiso social. Los sindicatos se han expresado pero no han dicho ni una sola palabra de su renuncia a la financiación pública, ni hablan de compromiso con los trabajadores para propiciar políticas realistas. Al contrario, se vuelcan más en una utopía que les ancla en un pasado que ya no volverá. La nostalgia no es la mejor consejera para avanzar en la vida. La nostalgia sirve para los buenos recuerdos, para tomar nota de lo que pasó y que no puede volver a pasar. Intentar reeditar ahora que cualquier tiempo pasado fue mejor, es negarse a ganar un futuro al que no podemos renunciar por el compromiso irrenunciable con nuestros hijos.  

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