De la sardana a la yenka.

A medida que nos acerquemos al comienzo de la campaña electoral catalana, se azuzará el cruce de declaraciones sobre el derecho o no a decidir de Catalunya sobre su futuro. Es un debate forzado, atizado por los sectores independentistas más radicales y al que se ha subido de una forma oportunista CiU en esa especie de huída hacia adelante, un tanto suicida, para enmascarar su propia incompetencia en la gestión. El PSC está haciendo lo peor que puede hacer un partido político que se crea serio, jugar a Salomón, a decir al sí pero no, a bailar la “yenka”, un paso adelante otro para atrás, y proponer un ambiguo proyecto que diga no a la secesión pero mantenga la puerta abierta a decidir si pueden o no ser independientes. Una posición ambigua que es un lastre para el PSOE a nivel nacional y que en Cataluña no va a funcionar, con el riesgo de situar al PSC por detrás electoralmente del PP, tal y como algunas encuestas señalan, lo que sería un golpe brutal en la línea de flotación del ya deteriorado barco político socialista.
Ayer se filtraba la carta remitida por la Vicepresidenta de la Comisión Europea y responsable del área de Justicia, Viviane Reding, a Mariano Rajoy donde tras puntualizar unas declaraciones suyas que se habían malinterpretado, dejaba claro que en la Unión Europea actual no cabe una Catalunya independiente. Supongo que estas informaciones se difunden poco en una Catalunya que pese a la crisis, cuenta con un Govern que dedica unos cuantos millones de euros hasta final de año en ayudas directas a la prensa y sin embargo no paga a farmaceúticos, recorta a los funcionarios y sangra a los ciudadanos, o sigue gastando en abrir en embajadas en el extranjero…
No caigamos en la trampa. Catalunya no es CiU ni ningún partido político, ni los catalanes son el reflejo de sus políticos. Cuando se critica a los políticos catalanes no se critica a Catalunya ni a los catalanes, se critica a personas que están demostrando no tener capacidad para ser dignos representantes de un gran pueblo. Si lo fueran mirarían por un futuro centrado en salir de la crisis más fortalecidos y no la estarían poniendo en el ojo del huracán de Europa y del resto del Estado. No nos merecemos estos gobernantes en Catalunya y ojalá que esa gran mayoría silenciosa se pronuncie en las próximas elecciones autonómicas y de esta forma puedan ayudar a arrojar luz en un túnel que desgraciadamente unos pocos están haciendo que sea cada vez más oscuro.  

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