¡Prohibido contagiarse!

Vergüenza ajena causan las imágenes del canal de Tv griego Ant1, en las que un miembro del partido neonazi Aurora Dorada agrede a dos políticas de otros partidos de izquierda durante un debate televisivo matinal. Las imágenes han dado ya la vuelta al mundo y son de una elocuencia tal que no necesitan muchas apostillas.
Desgraciadamente, no es la primera vez que un político pierde los nervios y agrede o intenta agredir a sus adversarios. Lo que sucede es que en el caso griego y en el momento actual, este incidente es un serio aviso de los peligros de radicalizar los mensajes. Grecia está sumida de nuevo en una campaña electoral. Es un país intervenido, arruinado, con una crisis social de grandes proporciones. Se da en él el caldo de cultivo ideal para los radicales, los intolerantes, los xenófobos, aquellos que actúan de forma carroñera buscando excitar y estimular la amargura de los ciudadanos para que se rebelen contra el sistema establecido. La clase política griega ha llevado al país a una situación tal, que la intervención ha sido imparable. La corrupción, el desgobierno, los abusos generalizados, lo están pagando los ciudadanos a un precio altísimo, con unas penurias que no sólo llevan a graves disturbios públicos, sino que conducen al descreimiento general de la sociedad. Y esto es gravísimo.
Las recientes elecciones configuraron un parlamento ingobernable y dieron entrada con fuerza a los neonazis. Ahora aprovechan su posición de privilegio para copar la nueva campaña electoral con una propaganda oportunista y a veces hasta con una cierta “piel de cordero”. Pero en cuanto rascas un poco aparece el verdadero pelaje y brota la intolerancia y la violencia. No conforme, Ilias Kasidiaris, que así se llama el neonazi en cuestión, con tirar un vaso de agua a una diputada, arremetió a golpes contra otra que le recriminó el acto. Los servicios de seguridad de la televisión le trasladaron a una sala para que se calmara y se escapó rompiendo la puerta a golpes. Este es el representante público que eligieron los griegos en las pasadas elecciones. Ahora pesa sobre él una orden de arresto.
La lección es clara. Las malas gestiones, la corrupción y el desgobierno, llevan a los ciudadanos a alejarse de los sistemas políticos en democracia, que aunque imperfectos, son los mejores. Ese alejamiento lleva a desear que se vayan los que están y suele inclinar la balanza hacia los extremos, que desgraciadamente suelen ser incívicos, violentos, excluyentes y antisistema. El resultado es un país ingobernable, que cada vez se hunde un poco más y que ve como se aleja de forma inexorable de seguir integrado en el mundo desarrollado.
Lo que ha pasado en Grecia no es una anécdota, es un síntoma del momento que allí se vive y un aldabonazo para el resto de los países en crisis. No estaría de más que todos, políticos y ciudadanos, reflexionáramos a fondo sobre estas situaciones, por aquello de tener muy presente el dicho de que “cuando las barbas de tu vecino veas pelar, por las tuyas a remojar”…

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *